Miradas…

A menudo cuando vemos a una persona por primera vez nos solemos fijar en su  sus gestos, en su manera de expresarse o incluso en sus manos, pero apenas reparamos en algo que lo dice todo y que nos destapa ante los demás: las miradas.

El otro día iba en el metro como tantos miles de personas en una gran ciudad y allí entre el vagón atestado de gente, en plena hora punta, empecé a reparar en la gente que vislumbraba a mi alrededor. Allí, detrás de mi libro actual de cabecera, pude observar a un chico que rondaría la treintena, leyendo poemas de Miguel Hernández. Sus ojos color caramelo, reflejaban tal vez la ansiedad al tomar conciencia de la intensidad de las historias resquebrajadas del poeta, o preocupación personal por alguna causa desconocida. Pero su mirada fija y profunda hacía imposible no parar de mirarle y jugar a imaginar que pasaría por su cabeza en ese momento. Mientras a escasos metros, una chica, adolescente, con ojos vidriosos, al parecer sin consuelo y mirada perdida, miraba un cuaderno.  Mirada triste, ojos claros que empezaban a empaparse de lágrimas que le caían por la mejilla. Dolor, angustia, rencor, rabia.

Las miradas dicen mucho de nosotros, desde el amor más sincero o la pasión desenfrenada, hasta el dolor más desgarrador.

Recuerdo un antiguo compañero de trabajo, ojos claros, sinceros, profundos. Su mirada me absorbía. Quedaba al margen todo lo demás, sólo existían sus ojos. No hablaba su boca, sino sus ojos. Llenos de alegría, esperanza, satisfacción por el trabajo bien hecho.Y siempre acompañado de una sonrisa!

En cambio  también hay miradas que matan, y no me refiero a las miradas de Alex, protagonista de “La naranja mecánica” ( Stanley Kubrick, 1971), sino a miradas extrañas, fuera de sí. De esas que parece que ” se te van a salir los ojos de las órbitas”, como se dice popularmente. Miradas de rencor, a menudo miedo o venganza como el inolvidable genio Brando en ” El padrino I” ( F.F. Coppola, 1972).

Volviendo a las miradas hipnóticas, un claro ejemplo sucede al enamorarse. El afecto hacia la otra persona se ve reflejado en una mirada limpia, sin jucios. Como cuando en los dibujos anime vemos esa pupila blanca, inocente. Todo el mundo gira alrededor de esa mirada sin reparar en nada más. Puede caerse un puente y ambos ojos no se despegarían. La mirada pasa del enamoramiento a la pasión en cuestión de segundos. Es más profunda, fija, hambrienta. Claro, a veces, llega la decepción y entonces se vuelve taciturna, casi noctámbula.

Mi mirada va cambiando con los años. Va por etapas, ahora en plena (re) evolución intento que vuelva a ser viva y alegre. Y eso estamos.

Y vuestras miradas, cómo son?? Que expresan??  Animaos a comentar!

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