Y TODO SE TORNÓ EN UN GRAN SOPLIDO…

A lo largo de los siglos la mujer en España ha estado sometida al hombre, sin contemplaciones. No opinaba, no estudiaba por decisión propia… y, lo fundamental: no podía ejercer sus derechos como ciudadana y como persona, en definitiva.

A principios del siglo XX surgen una serie de mujeres que contemplan su éxito en la clandestinidad, como ejemplo, María Lejárraga, esposa del novelista y dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, que compatibilizaba su trabajo de maestra, el cuidado de la casa y además escribía las novelas y obras teatrales que luego firmaba con el nombre de su marido.

El paso importante se da a partir de los años ’20 con el “Informe Nelken” (La condición Social de la Mujer en España, 1919). En los años siguientes comienza un tímido avance, con la presencia entre otras de Clara Campoamor (que propició el voto femenino durante la II República), Victoria Kent…

Tras los enormes avances logrados en la II República, que quedan nublados con la Dictadura; con la Transción se contempla un nuevo intento hacia el camino a la igualdad. Surge la revolución feminista, desempolvada gracias al ejemplo estadounidense.

En la actualidad la mejora ha sido notable. Pero no debemos olvidarnos de señalar la importancia de la mujer gitana. Es cierto que en la cultura gitana se conservan los valores tradicionales en los que la mujer se queda en casa cuidando de la familia, mientras el marido sale a “ganarse el pan”. Afortunadamente las mujeres logran en ciertos sectores, con esfuerzo y dedicación, labrarse un futuro profesional: realizan estudios medios y superiores, logrando así estudios universitarios; lo que supone una gran meta alcanzada.

En el terreno laboral se ha avanzado notablemente, pues ya no sólo se dedica al cuidado de la familia ni de la casa. Sale fuera a trabajar en empleos de gran responsabilidad como científica, periodista, médico…

En el terreno político el avance puede que haya sido más significativo: Presidenta de Gobierno, vicepresidenta del Gobierno, Ministra, Presidenta del Senado, Presidenta de una Comunidad Autónoma, Alcaldesa… independientemente de la ideología que se profese, eso significa mucho. La representación supone para las ciudadanas un paso más hacia el poder, que paulatinamente va cambiando de mando.

La mujer, en muchos casos, logra acercarse al hombre, pero aún queda mucho para llegar a la igualdad en la que todos nos respetemos como una sociedad abierta; propia del siglo XXI.

VIDA-DOLOR-VIDA

Juan, con apenas 10 años no sabía el significado real de la vida hasta que vio, de cerca, la cara de la muerte.

Toda la familia estaba nerviosa, caminando de un lado a otro, de forma titubeante, por los fríos y despejados pasillos del hospital.

Juan no sabía muy bien lo que pasaba, estaba sentado en la sala de espera tomándose un zumo. Miraba a sus padres. Estaba asustado. Miraba a su alrededor, todos decían “de esta noche no pasa”. ¿Por qué no?, se preguntaba Juan.

Cuando vio salir de la habitación a Jorge, amigo de su tío Manuel, con gesto desencajado y los ojos llorosos… Juan comprendió que algo no iba bien.

Todo el mundo se lamentaba: “porqué a él, era tan joven…” incluso Jorge se lamentó de no haber sido él.

Juan vio su oportunidad de enterarse de lo ocurido al ver la puerta entornada y entonces entró. Sin entender porqué, a su tío Manuel le había cambiado el aspecto. Estaba muy delgado y tenía la cara llena de pequeñas heridas rojas, como si fueran granitos. Estaba tumbado en la cama y conectado a diversos aparatos. Parecía estar dormido.

Al salir, sin que nadie se percatara, Juan le dijo a su padre que no se preocupara, qué sólo estaba dormido, qué luego se despertaría. Su padre y su madre sonrieron levemente. El estado de nerviosismo y desesperación era latente. Y es que a finales de los ochenta la mayor epidemia de carácter mundial aún sigue causando la muerte de miles de personas al año.

En ese momento Juan empezó a recordar las películas de su tío Manuel. Siempre con la cámara a cuestas, grabando todo lo que le interesaba: desde la visión de cualquier barrio madrileño hasta el retrato más fiel de la sociedad de la época.

Jorge no encontraba consolación alguna mientras veía a su compañero consumirse de manera tan cruel. La alegría que le caracterizaba se iba pudriendo como su cuerpo, poco a poco, por culpa de un virus del que apenas se sabía nada.

El desgaste es tan rápido que apenas puedes reaccionar ante tal situación. A medida que la enfermedad avanza se va quedando sin fuerzas. La tos es tan fuerte, que casi ahoga. Llega a un punto en que hasta las piernas le fallan y ya no puede dar un paso.

La vida de Manuel se acabó igual que sus películas. Escena fina-fundido a negro. Pero esta vez, ni siquiera aparecían los títulos de crçedito: tan sólo la muerte.

Jorge siempre se lamentó por lo ocurrido. Quizás fuera por el desconocimiento de la enfermedad o por el miedo ante una inminente muerte que era inevitable; puesto que en ese momento se carecían de medicación suficiente y necesaria para retrasar la enfermedad y mejorar la calidad de vida.

Más de dos décadas después, Juan sueña con que algún día se encuentre la vacuna que cure a millones de personas en todo el mundo (evitando así la ingesta continua de numerosas pasillas) para que la película acabe con un buen final.

“Felicidad…qué bonito nombre tienes!”

¿Qué es la felicidad? ésta es la pregunta a la que todo ser humano quiere dar respuesta. Pero la cuestión no es realmente esa, sino ¿cómo alcanzarla?

Siempre se dice que para alcanzar la felicidad completa hay que hacer tres cosas fundamentales en la vida: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Pues bien; eso es pura ficción; algo que se ha inventado el hombre para hacer más llevadera su pequeña e insignificante existencia.

Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha creído que la felicidad se encontraba en pequeñas cosas, tales como el conocimiento. Pero viendo los días que corren no sólo basta eso para ser alguien en el mundo.

La felic¡dad como concepto abstracto que es, no tiene respuesta ni valor alguno; tan sólo es una ilusión con la que crece cada individuo a lo largo de su vida, pensando y anhelando algún día llegar a conseguirlo y así tener un determinado “poder”; que ni los mismísimos dirigentes políticos tendrán jamás.

La felicidad la produce nuestra mente, una mezcla química más, propia de nuestro organismo, como el amor. En este caso, la felicidad no depende de nuestras hormonas pero sí de nuestro pensamiento y nuestro convencimiento. Tan sólo hay que “creerlo”.

Es, por tanto, un concepto visionario. Con esto quiero decir que se trata de un estado anímico y una visión del mundo, calificada de aceptable por el hombre, que ve cómo su vida contempla situaciones en las que ni la religión que uno profese, ni cualquier otro tipo de creencia pueden darle alcance a algo tan inverosímil y utópico como es la palabra “felicidad”. Palabra que tanto gusta pronunciar y nadie puede realizar (o al menos de modo completo y exacto).

Con esto no se quiere dar una visión pesimista, sino acercar a ese concepto tan positivo, algo de realismo. De este modo se da a entender que cualquiera puede ser “feliz” cuando le convenga, siempre y cuando adapte el significado de dicha palabra a sus necesidades y forma de vida.

LA VIDA ES COMO UN TRAJE

La vida es como un traje. Cuando nacemos nos lo empiezan a cortar. Después, poco a poco, lo van hilvanando y cosiendo a máquina. Y se quedan, incluso, contentos del trabajo. Hasta que, un buen día, lo empezamos a observar y vemos las miles de chapuzas que tiene: los botones no encajan…la cremallera se atasca…Pocas costuras están, realmente, a nuestro gusto.
Algunos deciden que, a pesar de todo, se lo van a poner, pues, al fin y al cabo, han visto también en los demás trajes muy parecidos.
Otros, con gran laboriosidad, empezarán observando los detalles más ostentosos, y sólo arreglarán lo que crean que los demás se fijarán a primera vista.
Algunos andarán buscando una máquina mejor que les solucione rápidamente el traje.
Y, los más arriesgados, irán lentamente soltando el traje, desechando la máquina y empezando desde cero. Cogerán ellos mismos aguja e hilo y, poco a poco, irán soltando y cosiendo al mismo tiempo. Ya no desearán el traje perfecto, pero harán, sin pretenderlo, el traje a su auténtica medida, hecho en exclusiva, y a su pleno gusto.
La vida es como un traje: algunos se lo hacen a medida y, a otros, se lo dan hecho

Texto: P.C.

TÚ SI QUE VALES!!!

Hace unas horas, unos amigos de Alcalá de Henares exclamaban esa publicitaria frase de un conocido programa televisivo para hacerme sentir la mejor persona del mundo!!!! Gracias de corazón!!!!!!!!!

Pero el post de vuelta, (la falta de información hasta ahora se debe a un exceso de trabajo que me impide dedicarme uno de mis placeres: escribir) no va sobre mí.

Simplemente lanzo una pregunta… realmente quién tiene la potestad o criterio, llamadlo como queráis, para decidir si eres o no válido para desempeñar determinadas tareas???? Es que la confusión me resquebraja la mente estos días y no paro de preguntarme porque unos sí y otros no. No se supone que somos todos iguales??

Siento no poder escribir más sobre el tema pero es que me tiene sobrecogida y no sé que más puedo decir. Espero que vuestras respuestas me iluminen!!

 

Saludos de vuestra freak favorita,

 

Ariadna