Oscars in the night…

¿Qué podemos decir sobre los Oscars de este 2012 que no se haya dicho ya? Pues realmente, nada nuevo. Así que he decidido mostrar mis impresiones sobre uno de los eventos más vistos del año.

La alfombra roja. Sí! Ese “pseudopasillo” por el que pululan todo tipo de especímenes: desde verdaderas estrellas (Meryl Streep), “pseudoestrellas” convertidas en muñecos articulados (Nick Nolte) o actorazos no reconocidos o tardíamente premiados (Gary Oldman y Christopher Plummer, respectivamente). Esos son sólo algunos ejemplos pero hay cientos. Y es que nunca unos metros de tela dieron para tanto.  Desde dos pasteles salidos de la mejor “Bakery” de NYC, como JLo y Cameron Díaz ( Por cierto, soy yo, o es que nadie ha notado que se ha hecho algo en la cara????). Por los clavos del perpetuo Socorro, es que nadie a gritado al cielo al ver semejante chavacanería de vestidos?????? Y ese pezón de Jlo?? Uno de los TT de la madrugada.

En fin, en el lado contrario está la siempre elegante y discreta Natalie Portman (Chica que envidia! Quien diría que has parido un churumbel!!) Y aunque me cueste reconocerlo la Platrow no iba mal causando tendencia con esa capa fashionista!

Dejemos a un lado la red carpet y centrémonos en el espectáculo, que ya comenzó a gestarse con la aparición “in extremis” de Sacha Baron Cohen disfrazado de Dictador (mejor promo, imposible!) acompañado de unas lozanas señoritas y esparciendo cenizas por la indemne tela!. A lo que íbamos. Días antes de tan celebérrimo evento se especuló con la sobriedad del mismo y la ausencia de números musicales. Pero como, el país del jolgorio y el espectáculo sacado de las piedras, no va a hacer acto de presencia?? Eso no se lo cree ni el que invento el chicle! Efectivamente, hubo número musical a cargo del MC Mr Billy Cristal. Hasta ahí todo previsible, pero ¿alguien le ha dicho a este buen hombre que el botox en exceso puede paralizar los músculos faciales? Billy, man, eres un showman, pero ten un poco de decoro, corazón! Qué no se puede salir así a la calle!

Al margen de las previsibles emociones que produce tan insigne premio, señoras y señores, esos discursos de agradecimiento! Pónganle chispa (Mr Plummer). Emoción (Octavia Spencer). Sorpresa-aunque ya lo sabía-pero me ilusiono igual- (Jean Dujardin). Y algo de chulería (Meryl Streep).

Otras cosas que me vienen a la cabeza son esas preguntas sin respuesta que todo aficionado freak que siga ésta y otras ceremmonias del gremio se pregunta:

¿Por qué la gala fue tan sumamente larga, sosa, aburrida y carente de espectáculo (la actuación del Cirque du Soleil, no animó el patio de butacas)?

¿Qué sentido tenía que Angelina enseñara todo el tiempo su pierna?? ¿Para demostrar que se había depilado adecuadamente? Tal fue su patética postura que en apenas 5 minutos ya tenía perfil en Twitter (Angelina’s leg).

Y ya que estamos, ¿por qué Brad llevaba el pelo con toda la gomina del mercado? ¿Acaso es imagen de marca de algún producto capilar y le estaba sacando rendimiento??

¿Por qué Nick Nolte no se quedó en su casa con un caldito? Uff! Y así podríamos seguir invadiendo el ciberespacio.

Definitivamente los Oscars se hacen mayores. Los académicos son mayores. Los realizadores de dicha gala… ¿Ah, pero había realizadores? Porque yo no me di ni cuenta! Como enfocaban a quien no debían cuando no debían…

En fin, un año más. Premiados justos o no. Olvidados. Estilismos, ay madre! Pa’  partirse en algunos casos y para quitarse el sombrero en otros. De todos modos, los cinéfilos, año, tras año, metedura de pata, tras metedura de pata, siempre estaremos ahí. Listos para sacar punta a cualquier cosa. Y no sólo es cosa de Freakys, como decían nuestros compañeros de los medios…

Total, como decía Freddy: “The show must go on” y eso es así (aquí y “showlandia).

Foto: http://www.contraesquina.com

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No status, no limits, no love, no friendship

Hoy se me ha encendido la bombilla. Algo ha hecho click en mi cerebro. Mis conexiones neuronales están al borde del colapso. Sin sentido. Sin explicación aparente.

Y es que una ya está muy harta (como muchos ciudadanos del mundo, supongo) de que la vacilen y la tomen el pelo… Por no decir algo peor. Cuando las cosas, situaciones pasadas o personas ya no tienen solución es mejor pasar a otra cosa.

El recuerdo bonito, amargo, doloroso… queda. Siempre queda. Aunque mejor entendido. Digerido. Al margen de teorías psicológicas o psiquiátricas, nuestro peor enemigo siempre somos nosotros mismos. Concepto manido, pero cierto.

Harta de promesas incumplidas, harta de una sociedad cada vez más feroz, inepta. Harta de la falsedad. Harta del engaño y las mentiras. Harta de la utilización en propia conveniencia. Hasta los ****, dicho mal y pronto.

Darle fin a algo es difícil, pero hay que hacerlo. Para echarle humor diremos que es como ir al dentista: jode, pero hay que hacerlo. Pues  en esa circunstancia me encuentro ahora.

A las situaciones o pérdidas que ya no tienen remedio no te queda otra que joderte, aguantarte y recordar con nostalgia, dolor y una sonrisa. Hay otras, que aún siendo también pérdidas, no producen nostalgia. Sino ganas de romper algo. Furia, Rabia. Desconcierto.

Cuando nadie te cede “Un lugar en tu almohada” como diría Drexler, lo mejor es echarse a un lado y seguir con tu vida. Sin restrinciones ni preguntas sin respuesta. Simplemente sucede. No sé porqué pero es así.

En otros aspectos de la vida no es mucho mejor. Cuando has forjado un círculo  amistoso y las personas de alrededor cambian (o no) lo hacen por motivos concretos. Aunque tú no los sepas. Es quizá en ese punto, cuando me planteo si realmente he conocido a esas personas o eran espejismos que mi mente creaba a mi parecer. Como no, tenemos un clásico. Y es que el individuo/a no sea lo que tu pensabas. De ahí que crezca en ti una sensación que nunca antes habías experimentado: RESENTIMIENTO. Acumulado en exceso y por tiempo prolongado puede llegar a enquistarse. Ésto puede dar lugar a un explosión de sentimientos encontrados. Justo lo que está pasando. Aquí y Ahora. Vomitar lo que sentimos es bueno, pero triste si estás solo. Y no me refiero a no tener a nadie alrededor, sino a iguales que se identifiquen contigo. Por supuesto si que hay algunas personas que están ahí siempre. Incondicionales de una sola cifra que están ahí para tí. Pero a veces las necesidades no pasan por calentar la cabeza a los demás, sino por estar en paz uno consigo mismo.

En eso estoy ahora mismo y como lo único que sé hacer es esbozar la vida y los sentimientos con palabras, recurro a mi bitácora. Lo más importante: SER YO MISMA.

Foto: Ariadna

“Crematorio” o sálvese quien pueda!!!

Ayer por fin pude ver el apoteósico final de la que sin duda fue el éxito del pasado año “Crematorio”. Y es que para los que carecemos de tv de pago, no nos queda otra que recurrir a la tele en abierto para disfrutar de vez en cuando de pequeñas dosis de talento.

Actual, arriesgada, diferente. Eso y más ha sido para mi esta serie. No sólo refleja una triste realidad de las costas españolas, sino que se mete hasta dentro (y nunca mejor dicho).

Con una factura casi cinematográfica, nos muestra el entramado corrupto desde los inicios. Mediante flashbacks reconstruye el principio de todo el “jardín”. No he tenido el placer de leer la novela (Rafael Chirbes, Ed. Anagrama), pero seguro que no tiene nada que reprocharle a la versión catódica. Guión muy bien articulado, casi redondo, diría yo.

Relaciones tortuosas. Corrupción a raudales, capaces de vender hasta a su madre por un pedazo de tierra. Acción. Ficción ó realidad. Triste delgada línea.

Como siempre me rindo ante una Alicia Borrachero pletórica.  Su personaje, Silvia, es dura, fría pero sensible a la vez… a su manera. Pau Durá, el abogado que cree no dejar cabos sueltos. Y por supuesto, mi más sincera enhorabuena al constructor, al “gigante de Misent”, D. Rubén Bertomeu (José Sancho). Gratamente sorprendida por un actor, al que siempre había visto como buen secundario pero al que nunca le había prestado demasiada atención.

Bertomeu, es impenetrable, sin escrupúlos (en lo empresarial), listo, silencioso. Y siempre presente su familia (a lo D. Vito Corleonne). La familia, ¿víctima o verdugo?

Serie de grandes giros, sorpresas… Una lástima que acabe aquí , o no? Me atrevería a decir que los que hemos disfrutado de esta producción deseamos una continuación ya. Seguro que hay más. Mi enhorabuena a todo el equipo de “Crematorio”,sin excepción. Desde dirección y guión hasta el último/a meritorio.

Gracias por un producto de calidad y sin fisuras, que anima a seguir creyendo en la ficción española.

 

Foto: http://www.filmaffinity.com

Sexo ¿por compasión?

Desde que nacemos estamos condicionados al abismo o a la más absoluta de las glorias. Todo depende de donde vengamos. Y tal vez, sólo tal vez, allí de donde procedemos podamos hallar las respuestas para nuestro futuro, nuestro presente e intentar entender nuestro pasado.

“Shame” (Steve Mcqueen, 2011) nos muestra justo eso. Un presente marcado por un oscuro pasado que enlaza a su vez con el penoso presente y no muy halagüeño futuro.

Cuando Brandon (Michael Fassbender) tapa su inmensa soledad con los placeres carnales entra sin remedio en una espiral infernal que refleja el propio patetismo en el que vive. Todo da un giro más violento hacia el averno cuando hace su aparición estelar su inestable hermana (Carey Mulligan). Brandon, trabajador de éxito y propietario de un flamante apartamento en NYC, está vacío, sólo consigo mismo. Sus escarceos sexuales de todo tipo, no hacen sino fomentar el horror personal en que vive pero que no quiere aceptar.

A través de planos secuencia, el espectador es partícipe de la angustia del protagonista. Dolor y sexo van de la mano. Dichas escenas carecen de erotismo alguno, dando paso a la tristeza, la pena y, porqué no, la compasión. Los fundidos a blanco (utilizados en su justa medida) logran llegar a lo onírico pero sin dejarnos olvidar que estamos ante una cruel y sucia realidad.  Planos largos. Primeros planos casi agónicos nos hacen caer al precipicio junto con los protagonistas. El vacío, el dolor, la soledad, la falta absoluta de afecto y el empobrecimiento a nivel personal (desde el punto de vista psicológico) forman parte de este universo. Dicho universo, ya inestable, se derrumba del todo con la aparición estelar del personaje de Mulligan. Delicada, perturbadora, cruel. Ella es la que termina de abrir la “caja de Pandora”. Ante lo que se encuentra el protagonista, éste solo sabe solucionarlo huyendo. Siempre hacia delante. Caiga quien caiga.

Obra premiada en el pasado festival de Venecia, y presente en multitud de festivales europeos, ha sido la injusta ignorada del tío Oscar. Los rancios académicos, sólo ven la superficie. Sexo, sexo y sexo. Pero este film no va de eso. Ni mucho menos. Y si es lo que piensan es que no han entendido absolutamente nada.

Los protagonistas, la dirección, el montaje (pausado y directo), merecen no sólo una mención. La cinta (coproducción inglesa) remueve hasta los intestinos. Ahora es cuando la que escribe cree en darle una nueva oportunidad al psicoanálisis. ¿Acaso Freud no tenía razón? La respuesta corre a cargo del espectador. Porque al fin y al cabo “no somos malas personas, es de donde venimos”.

Los nominados son…

Como aficionada al séptimo arte un año más he seguido las nominaciones a los Oscar ¿con expectación?, ¿con asombro? No, la palabra adecuada sería escepticismo e incluso algo de indiferencia porque está sobradamente constatado que las cintas que se premian en los Oscar no son necesariamente las mejores del año.

Cada edición la Academia toma algunas decisiones extrañas. Por supuesto, también hay que reconocerle los aciertos, pero cada año me llama la atención un olvido o una decisión sin fundamento. A sus candidatos después hay que añadir sus premiados, en muchas ocasiones explicables por obra y gracia del marketing y las relaciones públicas que se despliegan cual tentáculos durante las temporadas de premios.

Para quien escribe fue doloroso ver el año pasado la cara de David Fincher, candidato por ‘La red social’, después de anunciarse que el mejor director era el desconocido Tom Hopper por la correcta ‘El discurso del Rey’; y casi más doloroso,  incluso, saber  que un realizador de la categoría de Christopher Nolan se había quedado fuera de las nominaciones.

Es conocido el gusto de la Academia en los últimos años por darle un toque diríamos exótico a las nominaciones, sobre todo en las categorías de interpretación. Junto a los intérpretes de cintas independientes que han gozado de una buena acogida en festivales como el de Sundance, la Academia siempre ha colado entre sus estrellas y los actores británicos de prestigio (secundarios o protagonistas nunca fallan) a algún rostro desconocido. Se me viene a la memoria la nominación como Mejor Actriz Protagonista de Keisha Castle-Hughes, actriz neozelandesa de 12 años protagonista de ‘Whale Rider’, film sobre las tradiciones del pueblo maorí. Pues eso, más exótico imposible.

Este año tenemos de todo un poco. Por ejemplo, la categoría de Actor Protagonista se ha convertido, tanto por los presentes como por los ausentes, en un ejemplo perfecto de las curiosidades que deparan las nominaciones. Dos estrellas del firmamento hollywoodiense, el ya oscarizado George Clooney (‘Los descendientes’) y Brad Pitt (‘Money ball’), se batirán el cobre con el (atención) primera vez nominado en su carrera Gary “siempre eficiente, nunca decepcionante” Oldman, y las dos notas “exóticas”, pero merecedores de la nominación, el francés Jean Dujardin (‘The Artist’), ganador en Cannes y gran favorito, y el mejicano Demian Bichir (‘A Better Life’).

Fuera se han quedado además de un Leonardo DiCaprio (‘J. Edgar’) siempre a la espera de su merecido reconocimiento, los dos actores jóvenes más omnipresentes el pasado 2011, Ryan Gosling (‘Drive’) y la revelación europea de la temporada Michael Fassbender (‘Shame’). Sin duda, las características de estos dos últimos títulos, una cinta de acción de toque retro y el drama de un adicto al sexo, son las razones que les han dejado fuera a ellos y no a otros. ¿Demasiado arriesgadas para el gusto de la Academia? Probablemente.

Son todos los que están, pero no están todos los que son. Esto es más que evidente, al igual que lo es el hecho de que a pesar de las sorpresas y decisiones inexplicables, seguiré con devoción el espectáculo con el que nos deleite u horrorice la Academia un año más.

Sentir, amar y llorar

Luna, al igual que su nombre, vino al mundo una noche de luna llena. Siempre quiso amar, pero nunca entendió como. Ni porqué.

De niña no comprendía lo que era el amor, tan sólo sentía admiración. Por su padre, fundamentalmente. Por un compañero de clase, más tarde. Ahí, dicha admiración se tornó en otro sentimiento que tardó en descifrar.

Al tiempo que su cuerpo cambiaba debido a su entrada en la compleja adolescencia, Luna no paraba de luchar contra sí misma y sus propios demonios. Veía en su cuerpo sus propios monstruos. Su defectos. Desolación por el “error” genético.

Se preguntaba constantemente si sabría amar, si alguien bebería los vientos por ella. Ella, tímida y con mucho miedo, fue de piedra en piedra. De fracaso en fracaso. Compañeros de clase, de trabajo, amores platónicos… Carrera errática donde las haya. Nunca entendía en que fallaba.

Siempre con su figura taciturna, recorriendo mundo. El mundo la observa como un satélite global, que ilumina hasta la calle más oscura con su mirada. Ojos tristes, miedosos, dulces como el caramelo, dolor, decepción. Sonrisa sincera y muy sonora. Cuerpo… bueno el cuerpo no es apto para este siglo. Pero seguro que en otro tiempo fue una “sex symbol”.

Nunca correspondida, acumulaba frustración y amargura. Sentía con fuerza a cada momento, cada instante. Sentimientos encontrados se acumulaban en su alma. Llorar, reír-reír llorar. Siempre sometida a ese binomio.

Su timidez y vergüenza de serie, no la ayudaban en nada. Pero podían más que su propia voluntad. Quizás fue eso lo que no le permitió amar en lo más profundo.

Ella lleva con mucho peso la vida, pero a veces, ésta le puede. Los sentimientos la arrastran hacia la corriente sin poder detenerse. Rápida, insaciable. Hasta desaparecer. Y todo por amor.

Y es que Luna nunca quiso ser princesa, como afirmaba en una canción el maestro de Úbeda, pero si quería ser amada como una princesa.

Activación completada… o no

Hoy, finalmente he sucumbido. Sí. Es curioso pensarlo pero es así. Las cosas hay que llamarlas por su nombre: he caído en las redes del “pajarito”

Las nuevas tecnologías (y en definitiva cualquier otro tipo de avance) no hacen sino aumentar nuestra curiosidad. Querer estar en todas partes. A todas horas. Conectados con todo el mundo. Mirando de soslayo lo que hace otro.

A partir de aquí me asaltan muchas preguntas; pero especialmente una me preocupa sobremanera: ¿Estamos sustituyendo las relaciones sociales “face to face” por un montón de bytes? Me tiene descolocada. ¿Qué se supone que toca ahora?: ¿Tomar cafés mediante el Smartphone de turno? ¿Y quedar con los amigos es ahora tweetearse? ¿Las fotos de las vacaciones sólo se comentan vía Flirk o Facebook?

Ya no sé si estoy actualizada o globalizada. Uff! Qué lío!!

Las redes sociales han cambiado nuestra manera de escribir, de hablar, de comportarnos… hasta los dichos populares! Quién no ha oído eso de “Eres más falso que un amigo de Facebook”! Pero cuánta razón! Puedes tener muchos amigos en la red, pero los de verdad, los que están siempre contigo, los que merecen la pena… no llegan ni a la docena (al menos en mi caso). Para que quiero tener un millón de amigos si cuando los necesito nunca están! Prefiero tener pocos pero muy buenos. Ya lo dice el dicho: “Menos es más”.

La red, esa gran desconocida.

Y vosotros, ¿ qué pensáis?