Sexo ¿por compasión?

Desde que nacemos estamos condicionados al abismo o a la más absoluta de las glorias. Todo depende de donde vengamos. Y tal vez, sólo tal vez, allí de donde procedemos podamos hallar las respuestas para nuestro futuro, nuestro presente e intentar entender nuestro pasado.

“Shame” (Steve Mcqueen, 2011) nos muestra justo eso. Un presente marcado por un oscuro pasado que enlaza a su vez con el penoso presente y no muy halagüeño futuro.

Cuando Brandon (Michael Fassbender) tapa su inmensa soledad con los placeres carnales entra sin remedio en una espiral infernal que refleja el propio patetismo en el que vive. Todo da un giro más violento hacia el averno cuando hace su aparición estelar su inestable hermana (Carey Mulligan). Brandon, trabajador de éxito y propietario de un flamante apartamento en NYC, está vacío, sólo consigo mismo. Sus escarceos sexuales de todo tipo, no hacen sino fomentar el horror personal en que vive pero que no quiere aceptar.

A través de planos secuencia, el espectador es partícipe de la angustia del protagonista. Dolor y sexo van de la mano. Dichas escenas carecen de erotismo alguno, dando paso a la tristeza, la pena y, porqué no, la compasión. Los fundidos a blanco (utilizados en su justa medida) logran llegar a lo onírico pero sin dejarnos olvidar que estamos ante una cruel y sucia realidad.  Planos largos. Primeros planos casi agónicos nos hacen caer al precipicio junto con los protagonistas. El vacío, el dolor, la soledad, la falta absoluta de afecto y el empobrecimiento a nivel personal (desde el punto de vista psicológico) forman parte de este universo. Dicho universo, ya inestable, se derrumba del todo con la aparición estelar del personaje de Mulligan. Delicada, perturbadora, cruel. Ella es la que termina de abrir la “caja de Pandora”. Ante lo que se encuentra el protagonista, éste solo sabe solucionarlo huyendo. Siempre hacia delante. Caiga quien caiga.

Obra premiada en el pasado festival de Venecia, y presente en multitud de festivales europeos, ha sido la injusta ignorada del tío Oscar. Los rancios académicos, sólo ven la superficie. Sexo, sexo y sexo. Pero este film no va de eso. Ni mucho menos. Y si es lo que piensan es que no han entendido absolutamente nada.

Los protagonistas, la dirección, el montaje (pausado y directo), merecen no sólo una mención. La cinta (coproducción inglesa) remueve hasta los intestinos. Ahora es cuando la que escribe cree en darle una nueva oportunidad al psicoanálisis. ¿Acaso Freud no tenía razón? La respuesta corre a cargo del espectador. Porque al fin y al cabo “no somos malas personas, es de donde venimos”.

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