Real Woman

Hace unas semanas leí en una publicación (Plus Model Magazine) los resultados de una encuesta en la que, de forma alarmante, daban a entender que las modelos hace dos décadas pesaban una media de un 8% menos que una mujer de a pie. Hoy sobrepasan el 20%. Y la pregunta es: ¿nos hemos vuelto locos, o qué?

Aún hoy, ya pasado el infierno de la adolescencia y en plena edad adulta, sigo enfadada porque las mujeres con curvas no tengamos más presencia social. El tallaje de la ropa cada vez es más pequeño. Las consideradas tallas grandes también.  Ilustraré dicha afirmación con un ejemplo real que viví hace pocos años (y que por desgracia, no sólo perdura, sino que va a más). Entro en una tienda de ropa (perteneciente a un gigante textil) y ya no sólo muestro sorpresa por la extravagancia de su colección, sino también por su tallaje. Existe la talla 32!! Muchos/as daréis por sentado que no vivo en el mundo o algo así, pero es que una servidora a-l-u-c-i-n-a con semejante cifra. ¿Quién se lo pone? ¿Acaso es un diseño exclusivo para la “Barbie modelitos”? Indignante a la par que desagradable. La cosa no queda ahí. Después de rebuscar no salgo de mi estupefacción cuando descubro que la talla más grande que tienen en esta cadena de tiendas es la 44!

En pleno 2012 el índice de masa muscular de las modelos de pasarela (no todas eh!, pero sí bastantes) roza la anorexia. Y eso a parte de no ser sano es casi una perversión. Si. “Gracias” a esas siniestros cuerpos, las niñas quieren jugar a ser modelis super divinas que no se vean ni en el espejo. Aberrante todo, sinceramente.

Afortunadamente aún quedan algunas mentes sabías (como la citada publicación) y un número muy reducido de marcas cosméticas que nos dan voz y voto. Las modelos con curvas no deben ser una noticia que alimente escándalos ni un circo sino unas profesionales más de la moda. Y no sólo ellas. Sino cantantes, actrices, altos cargos empresariales u otras excelentes profesionales. Mujeres auténticas, en definitiva. Por supuesto que no pretendo hacer apología del sobrepeso, (muchas de nosotras tenemos una analítica de libro, perfecta, vaya) pero no me gusta que se promocione la delgadez extrema, además de dar oportunidad  a las “curves girls” para su mayor lucimiento y erradicar de una vez por todas su arrinconamiento de belleza.

¿Acaso las mujeres con curvas no somos sexys? ¿No lucimos igual de bien una ropa de marca “mega pija-fashion total” que otra anónima? Al menos nosotras estamos sanas. La pasarela se ha cobrado muchas vidas. Uno de tanto ejemplos: Crystal Renn. Dio a conocer al mundo uno de los yugos de la moda en su libro “Hungry”. Sin embargo hay muchas modelos XL que disfrutan del éxito en el modelaje y además también de su cuerpo. Katya Zharkova o Angélica Gray, son algunos ejemplos.

Deseo algún día que “las mujeres auténticas” dejen de ser noticia por sus cuerpos y lo sean exclusivamente por sus hazañas profesionales. PORQUE NOSOTRAS LO VALEMOS!!!

Fotos: http://www.plus-model-mag.com

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La soledad de la supervivencia

Un día cualquiera. En cualquier lugar del mundo. A cualquier hora. María deambula por las calles de una gran ciudad. Ella, pensativa, busca una oportunidad. Espera. Ansía. Pero no llega. Mientras recurre a sus bajos instintos para sobrevivir. Vacío. Soledad. Presta su cuerpo para el goce de otros. Ella, títere de todos y de nadie.

Tez morena, ojos grandes y expresivos. Cuerpo de modelo. Tristeza. Mientras se le acercan las personas que hoy le proporcionarán un día más en el mundo, les planta su sonrisa y les “vende la moto”. Y así durante todo el día.

Tal vez huyendo de algo o alguien acabó así. O no. Lo que está claro es que no quiere hacerlo. Busca salvación. Sus ojos piden a gritos salir corriendo, pero sus pies no le dejan. Desea una vida mejor a la vez que se pregunta si esto durará mucho más tiempo. Irónica enciende todos los días su particular infierno. Sin posibilidad de apagarlo. Sin nada con qué sofocarlo. Como si no hubiera un mañana, desea congelar el tiempo.

En cada “trabajo” piensa en una vida mejor. Una profesión con derechos, un trato justo, seguridad.

Encerrada en su propio cuerpo, no sabe como salir de él. Quiere volar lejos, cual pájaro migratorio. Buscavidas incansable, no conoce otra forma de vida pero quiere conocer mundo. Otras posibilidades.

Frío, calor, llueva o nieve; siempre de guardia. Ganas de gritar. Rebeldía.  Angustia. Mendiga amor del bueno, un abrazo sentido. Pero todo esto no son más que espejismos que fabrica su mente.

Hacedora de placeres mundanos, es dueña de su propio destino. Es ella quien decide como seguir en este mundo lleno de hipócritas, falsos e ignorantes.

Mientras sueña con su nueva vida, María, apostada en su zona de trabajo, recibe a los que la consideran una compañía temporal.

Cargada de paciencia, frialdad y falsa disposición, continua cada día su labor… Aunque su mente sólo quiere volar a un mundo imaginario

¿El curioso caso de Jean Dujardin?

En algo menos de un año el francés Jean Dujardin ha conseguido que Hollywood le abra de par en par las puertas de su Olimpo de dioses particular. Con su Oscar al mejor actor protagonista por The Artist, Dujardin se ha convertido en el primer intérprete francés en ganar la codiciada estatuilla, allí donde antes lo intentaron compatriotas de fama internacional como Depardieu, Belmondo o Alain Delon. Pero el caso de Dujardin no es nuevo, al igual que no lo son los retos a los que deberá enfrentarse el actor, que apenas habla inglés, para decidir la dirección que quiere tome o no su carrera.

Al igual que ocurrió hace dos años con Christoph Waltz, Oscar al mejor secundario por su, tan espeluznante como inolvidable, sádico coronel nazi de Malditos bastardos, el apellido Dujardin comenzó a resonar cuando se hizo con la Palma de Oro al mejor actor en la última edición del festival de Cannes. Desde aquel momento, a ese otro en el que sus nombres fueron pronunciados en la noche más importante del cine, ambos actores ganaron prácticamente todos los premios importantes en los que competían, en ocasiones con algunos de los más grandes nombres de Hollywood.

A partir del Oscar, a Dujardin, al igual que le sucedió a Waltz, se le plantea la cuestión de hacia dónde  orientar una carrera en la que no van a faltar ofertas de todo tipo. Ambos dan el perfil de consumado intérprete europeo que tan sugerente le resulta a Hollywood, pero para confiarles ¿qué tipo de personajes? En la mayoría de los casos, el del villano de la función. Tras su Oscar, a Waltz le hemos visto como el cardenal Richelieu de la nueva versión de Los tres mosqueteros de Paul W. S.  Anderson; el tiránico y violento maestro de ceremonias del circo de Agua para elefantes, o el neurótico villano de The green hornet.

El propio Dujardin ya se ha reído de la situación en un divertido vídeo de Funny or Die. En él, el actor francés se presenta a los castings de todos los malvados posibles de las próximas secuelas de las sagas más taquilleras. Todo a sugerencia de dos ávidos representantes que ya se frotan las manos ante la lucrativa perspectiva y que le dan la feliz noticia de que ha logrado todos los papeles a los que aspiraba.

Interpretar al villano de la función parece ser el peaje que todo actor europeo debe pagar si quiere hacerse un hueco en Hollywood. El único inconveniente es que hay, como suele decirse, villanos y villanos. Superficiales y movidos por estúpidos deseos de poder y otros cuya complejidad les hace más atractivos que al propio héroe. Sin irnos muy lejos, Javier Bardem, que logró el Oscar por unos de los malvados más escalofriantes del cine de los últimos años por No es país para viejos, reincide en su lado oscuro en la última película de la saga Bond, eso sí, dirigida por Sam Mendes.

El futuro que el Oscar y Hollywood le deparan a Dujardin aún es borroso. Un actor de físico indudablemente clásico y al que el público apenas ha oído hablar en un idioma que aún no domina, pero al que lloverán ofertas de una industria deseosa de nuevas caras. De su capacidad de adaptación a una industria tan diferente a la europea y su intención o no de seguir siendo un actor principalmente nacional dependen su futuro y el ser recordado como algo más que la última anécdota de la historia de la Academia.

Foto: http://www.guardian.co.uk