TIME

Una gran ciudad. Ruido. Contaminación. Murmullos. Conversaciones ajenas. Risas. Prisas. Transporte público deficiente y caro. Personas caminando como autómatas. Aparentemente sin rumbo fijo, sin dirección, como un perro buscando un hueso. Paro. Gente pidiendo en cualquier parte. Peleas entre ciudadanos de varias culturas. Recortes sociales, o más bien haciendo desaparecer bienes sociales por arte de “magia”. Más paro. Personas cuestionadas por su sexo, raza, religión, orientación sexual o discapacidad (si la tiene). Angustia. Rabia. Algunos buscan justicia por su cuenta, sin lograrlo. Corrupción. Mentiras. Subida del IVA. “Mala educación” pública. Más mentiras. Contratos basura, con su consiguiente empleo precario. Bajada de sueldos. Vilipendiados por no ser quienes quieren que seas. Más corrupción. Injusticia. Cero en cultura (en cualquiera de sus manifestaciones). Nulo respeto por la diversidad. ONG’s investigadas (ANESVAD, Fundación Hemisferio, Instituto Noós. y otras tantas….). Desconsideración absoluta a las Entidades No Lucrativas que SI hacen lo que prometen. Más injusticia. Gente que pasa de todo. Otros que se implican demasiado. Prohibición de protestas civiles (Ánimo #15M). Deshaucios. Hipotecas. Pisos vacíos. Subida de alquileres. Sin emancipación. Control. JASP. Más control. ANSIEDAD. Vergüenza. Medios de comunicación en manos del poder. Periodistas ” matratados”. Profesionales de cualquier ámbito laboral sin cobrar desde hace meses. Padres  separados sin derechos. Madres separadas sin derechos. Maltratos humanos y animales.  Ruido. Estrés. AGOBIO. ……………………….STOP!!!!!!!!!!!!!

 

Todavía puedo seguir pero me he quedado sin aliento. Aquí vivo yo… ¿Dónde vives tú?

 

Foto: http://www.sindinero.org

 

 

 

 

 

 

 

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“Somos el grupo 7”

La corrupción, ahora y siempre en boca de todos. 1987. Cuatro “Hombres de Harrelson” intentan “limpiar” el centro de Sevilla para su exposición Universal de 1992. Estos cuatro “polis duros” (policias Antivicio) se hacen llamar “Grupo 7”.

No es una peli de acción. ¿O sí? No es una peli de amor. ¿O sí? Lo que está claro es que mantiene al espectador en vilo constantemente. Apenas le deja respirar con esos movimientos de cámara tan rápidos, en algunos casos rozando el subjetivismo que te hacen correr y destilar adrenalina cuando los personajes intentan pillar a “los malos”. Por qué claro, ¿Quién es el bueno y quien es el malo?

Yonkis, farlopa, confites… todo se junta en un momento sucio. En una Democracia en pañales donde lo único que importa (y tras haber entrado en la OTAN) es “dar buena imagen” ante el resto del mundo. 

Muy buenas interpretaciones de los cuatro protagonistas (Antonio de la Torre, Mario Casas, Joaquín Núñez y José Manuel Poga) a las que se une la colaboración de Inma Cuesta, breve pero necesaria. Destaca por encima de todos ellos Antonio de la Torre (Rafael). Brillante, como siempre. Sus ojos provocan tristeza y miedo a la vez. La vida de Rafael marcada por un pasado familiar que le persigue en el presente, no es lo que se dice ordenada, pero si cree en la justicia, a su manera.

Mario Casas, aunque aún le queda mucho por aprender, comienza a ir con paso firme. Su personaje (Ángel) evoluciona 360º. Nada que ver el dulce poli novato con su reconversión después. Inma Cuesta que interpreta a su mujer (Elena); es parte importante en esta evolución. Le acompaña en su mesura y alcanza su cenit en el centro de todo. Aunque eso que sea el espectador quien juzgue.

Excelentes localizaciones, mezcladas con imágenes de archivo de la reconversión real que supuso para la capital hispalense. Montaje claro que dosifica emociones (“desengrasa”, que diría un profe mío). Música escasa, pero no se echa de menos su ausencia. Las imágenes del film tienen tantísimo poder, que casi sobra lo poco que se escucha. Sólo una pega: ligeros problemillas de atrezzo que ya irá descubriendo el audaz espectador que se acerque a las salas. Si! A las salas, he dicho bien!

La violencia se respira. El corazón late a raudales, el dolor del pasado, las formas discutibles de trabajo y lo que sobreviene para que una ciudad tenga renombre. ¿Vale todo? ¿El fin justifica los medios? ¿Hay que ser fiel a los principios? Debate abierto para todo el que quiera comprobarlo con sus propios ojos. Gracias al director Alberto Rodríguez y a todo el equipo técnico por un trabajo que nos acerca a lo mundano, a la suciedad y a la facilidad de la corrupción.

Buen trabajo! Y suerte en Tribecca!!!

Foto: http://www.trailersyestrenos.es

Ella- El ¿¿¿Amigos???

Una tarde, como otra cualquiera, y en mitad de una escalera, se cruzaron. Ella saludó con su sonrisa tímida y él igual pero sin sonrisa. Tal vez por vergüenza. A partir de ese encuentro fugaz y ocasional, surgieron encuentros cibernéticos, telefónicos y alguno real.

Chateos a deshora sobre lo divino y lo humano. Lo de aquí, lo de allí. Actualidad, espectáculos, ciencia… hasta deportes. Siempre en tono amistoso. Así durante muuuucho tiempo. Hasta que llegaron los sms (el what’s app y los móviles de tercera generación o cuarta no se habían inventado aún). La crisis no había llegado todavía a los bolsillos de los incrédulos ciudadanos del mundo y ella era una joven recién llegada a la Universidad con ganas de cumplir su sueño, conocer mundo y mezclarse con la gente.

El contacto cada vez era más asiduo. A diario. Varias veces al día. Llamadas (bueno o perdidas, ella no sabía muy bien, ya que una le pilló en mitad de un examen con el teléfono en silencio), más mensajes. Más chateo. Canciones, risas, descubrimientos… Durante años esta situación la fueron provocando los momentos. Ella no sabía si la soledad de ambos influía o simplemente porque se encontraban a gusto hablando.

Ambos siempre dispuestos a escuchar al otro hasta que un día cualquiera de tiempos que ni ella misma recuerda, las conversaciones y los mensajes alentadores, divertidos, animados y, por qué no decirlo, preciosos, en algunos casos se fueron tornando en otra cosa. Eran amigos, o al menos eso había creído siempre ella, pero las conversaciones empezaban a parecerse a las de una relación de amigos con derecho a… a qué?? Porque ella creía que lo tenía claro, pero él no. O al menos ella nunca lo entendió. Él siempre dijo que era un juego, pero de que estaban hablando de juegos o del tiempo?? Así esta situación se prolongó en el tiempo, divertida pero a la par que morbosa y un poco oscura… otro día en una conversación habitual ella explotó. El se empezaba a convertir en una adicción. Una adicción peligrosa. Y quien juega con fuego se quema, tarde o temprano. Y ella ardió con todo el equipo. En un arranque de sinceridad ella vomitó palabra por palabra lo que había sentido estos años. Él sin mucho que decir, sólo se repetía que para él era una juego (y dale molino!), que ya sabía lo que era, que no la había engañado. Ella que se sentía humillada, agredida verbalmente, intentó quedar cara a cara para hablar las cosas pero él con su habitual parsimonia le dijo : “Es que no hay nada de que hablar”. Y tal cual pronunció esa frase, mientras ella estaba hecha un mar de lágrimas, el le recriminaba que hubiera estado viendo a otras personas, pero, un momento. Se hizo el silencio. No eran sólo amigos?? Esto a que venía??? Ella, perpleja por no obtener más que reproches, siguió soltando por su boca toda la sinceridad de la que era capaz… Hasta que no pudo más y entre lágrimas y enfado se despidió a su manera. Al final resultó que no era el amigo que ella creía. Ese al que le había contado sus secretos más profundos. Ese al que acudía en busca de consejo. Ese que creía la escuchaba. Y tal como vino se fue. Fin.

Con cada adiós

Tras el éxito transformado en masivas visitas a su anterior texto “Ahora”, vuelve  una pequeña segunda parte pero que dice mucho. Contenido que personalmente suscribo. Palabra por palabra. Gracias amigo! ; )

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma. Y uno aprende que el amor no significa recostarse y una compañía no significa seguridad. Y uno empieza a aprender que los besos no son contratos y los regalos no son promesas. Y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos. Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para hacer planes… y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema. Así es que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende… y con cada adiós uno aprende.
Texto: P. C.