Ella- El ¿¿¿Amigos???

Una tarde, como otra cualquiera, y en mitad de una escalera, se cruzaron. Ella saludó con su sonrisa tímida y él igual pero sin sonrisa. Tal vez por vergüenza. A partir de ese encuentro fugaz y ocasional, surgieron encuentros cibernéticos, telefónicos y alguno real.

Chateos a deshora sobre lo divino y lo humano. Lo de aquí, lo de allí. Actualidad, espectáculos, ciencia… hasta deportes. Siempre en tono amistoso. Así durante muuuucho tiempo. Hasta que llegaron los sms (el what’s app y los móviles de tercera generación o cuarta no se habían inventado aún). La crisis no había llegado todavía a los bolsillos de los incrédulos ciudadanos del mundo y ella era una joven recién llegada a la Universidad con ganas de cumplir su sueño, conocer mundo y mezclarse con la gente.

El contacto cada vez era más asiduo. A diario. Varias veces al día. Llamadas (bueno o perdidas, ella no sabía muy bien, ya que una le pilló en mitad de un examen con el teléfono en silencio), más mensajes. Más chateo. Canciones, risas, descubrimientos… Durante años esta situación la fueron provocando los momentos. Ella no sabía si la soledad de ambos influía o simplemente porque se encontraban a gusto hablando.

Ambos siempre dispuestos a escuchar al otro hasta que un día cualquiera de tiempos que ni ella misma recuerda, las conversaciones y los mensajes alentadores, divertidos, animados y, por qué no decirlo, preciosos, en algunos casos se fueron tornando en otra cosa. Eran amigos, o al menos eso había creído siempre ella, pero las conversaciones empezaban a parecerse a las de una relación de amigos con derecho a… a qué?? Porque ella creía que lo tenía claro, pero él no. O al menos ella nunca lo entendió. Él siempre dijo que era un juego, pero de que estaban hablando de juegos o del tiempo?? Así esta situación se prolongó en el tiempo, divertida pero a la par que morbosa y un poco oscura… otro día en una conversación habitual ella explotó. El se empezaba a convertir en una adicción. Una adicción peligrosa. Y quien juega con fuego se quema, tarde o temprano. Y ella ardió con todo el equipo. En un arranque de sinceridad ella vomitó palabra por palabra lo que había sentido estos años. Él sin mucho que decir, sólo se repetía que para él era una juego (y dale molino!), que ya sabía lo que era, que no la había engañado. Ella que se sentía humillada, agredida verbalmente, intentó quedar cara a cara para hablar las cosas pero él con su habitual parsimonia le dijo : “Es que no hay nada de que hablar”. Y tal cual pronunció esa frase, mientras ella estaba hecha un mar de lágrimas, el le recriminaba que hubiera estado viendo a otras personas, pero, un momento. Se hizo el silencio. No eran sólo amigos?? Esto a que venía??? Ella, perpleja por no obtener más que reproches, siguió soltando por su boca toda la sinceridad de la que era capaz… Hasta que no pudo más y entre lágrimas y enfado se despidió a su manera. Al final resultó que no era el amigo que ella creía. Ese al que le había contado sus secretos más profundos. Ese al que acudía en busca de consejo. Ese que creía la escuchaba. Y tal como vino se fue. Fin.

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