“Somos el grupo 7”

La corrupción, ahora y siempre en boca de todos. 1987. Cuatro “Hombres de Harrelson” intentan “limpiar” el centro de Sevilla para su exposición Universal de 1992. Estos cuatro “polis duros” (policias Antivicio) se hacen llamar “Grupo 7”.

No es una peli de acción. ¿O sí? No es una peli de amor. ¿O sí? Lo que está claro es que mantiene al espectador en vilo constantemente. Apenas le deja respirar con esos movimientos de cámara tan rápidos, en algunos casos rozando el subjetivismo que te hacen correr y destilar adrenalina cuando los personajes intentan pillar a “los malos”. Por qué claro, ¿Quién es el bueno y quien es el malo?

Yonkis, farlopa, confites… todo se junta en un momento sucio. En una Democracia en pañales donde lo único que importa (y tras haber entrado en la OTAN) es “dar buena imagen” ante el resto del mundo. 

Muy buenas interpretaciones de los cuatro protagonistas (Antonio de la Torre, Mario Casas, Joaquín Núñez y José Manuel Poga) a las que se une la colaboración de Inma Cuesta, breve pero necesaria. Destaca por encima de todos ellos Antonio de la Torre (Rafael). Brillante, como siempre. Sus ojos provocan tristeza y miedo a la vez. La vida de Rafael marcada por un pasado familiar que le persigue en el presente, no es lo que se dice ordenada, pero si cree en la justicia, a su manera.

Mario Casas, aunque aún le queda mucho por aprender, comienza a ir con paso firme. Su personaje (Ángel) evoluciona 360º. Nada que ver el dulce poli novato con su reconversión después. Inma Cuesta que interpreta a su mujer (Elena); es parte importante en esta evolución. Le acompaña en su mesura y alcanza su cenit en el centro de todo. Aunque eso que sea el espectador quien juzgue.

Excelentes localizaciones, mezcladas con imágenes de archivo de la reconversión real que supuso para la capital hispalense. Montaje claro que dosifica emociones (“desengrasa”, que diría un profe mío). Música escasa, pero no se echa de menos su ausencia. Las imágenes del film tienen tantísimo poder, que casi sobra lo poco que se escucha. Sólo una pega: ligeros problemillas de atrezzo que ya irá descubriendo el audaz espectador que se acerque a las salas. Si! A las salas, he dicho bien!

La violencia se respira. El corazón late a raudales, el dolor del pasado, las formas discutibles de trabajo y lo que sobreviene para que una ciudad tenga renombre. ¿Vale todo? ¿El fin justifica los medios? ¿Hay que ser fiel a los principios? Debate abierto para todo el que quiera comprobarlo con sus propios ojos. Gracias al director Alberto Rodríguez y a todo el equipo técnico por un trabajo que nos acerca a lo mundano, a la suciedad y a la facilidad de la corrupción.

Buen trabajo! Y suerte en Tribecca!!!

Foto: http://www.trailersyestrenos.es

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