Ante tus ojos

Paseando por Madrid te cruzas con mucha gente. Personas y personajes. Personas que vienen y van, a cámara lenta, como si fuera una película experimental. Personas que miran, sueñan, buscan, rebuscan. Y los personajes, ¡qué os voy a contar! Los personajes son un atractivo más de la ciudad. De Madrid y de cualquier otra gran ciudad. Los personajes que habitan en la gran ciudad no tienen “biblia” (los compañeros guionistas lo entenderán). Viven en el presente permanentemente. Unos, artistas sin estrella, te muestran lo mejor de ellos mismos en El Retiro, la Plaza de Lavapiés o en la misma Puerta del Sol. No sabes nada de sus vidas, ellos de la tuya tampoco. ¿O sí?

Hace un tiempo, cerca de la Plaza de Oriente en Madrid, mientras escribía situaciones e hilaba personajes, alguien se acercó a mí (pensaba que era un turista para preguntarme una calle o la ubicación de algún lugar) y empieza, no solo a contarme parte de su vida (casualmente decía ser un actor sin suerte) sino que comenzó a relatarme parte de mi vida profesional. Y a cuadros me quedé, claro. No voy a dar detalles de la conversación pero solo puedo decir que aluciné. No soy una profesional relevante, ni mucho menos, pero hago lo que puedo y procuro no estar sin hacer nada aunque pase malas épocas profesionales, de ahí mi sorpresa ante tal seguimiento como si yo fuera una “influencer”.

Existen otros personajes impregnados en el paisaje que hacen de las ciudades unos lugares cálidos, con carácter e identidad propia. Sienten y se expresan con lo que tienen a su alcance: desde su propio “atrezzo” hasta el mobiliario urbano que hacen suyo por un momento. Todos y todas con historias detrás. Límites, sentimientos, momentos, instantes. La “mochila vital” les pesa pero siempre la comparten con todos nosotros. Gracias a todos y todas los que enriquecen las ciudades con su talento para sacarnos una sonrisa, hacernos pensar o simplemente pasar un buen rato. Y todo esto esto ocurre en la calle. En tu barrio, en la zona donde sales con tus amigos o al lado del trabajo. La calle, siempre fue la verdadera universidad, como muchos y muchas predican.

 

Plaza-de-Oriente

Panorámica de la Plaza de Oriente en Madrid (España)

Fuente: http://www.madridsensations.com

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Letra pequeña

Durante estos meses he estado haciendo muchas cosas. He conocido gente nueva, otras personas, por razones que aún desconozco, han decidido desaparecer y evaporarse de mi vida, quizás era el destino. Nunca lo sabré.

Además he visto mucho teatro, cine, arte. He aprendido de tanta gente… También he aprendido de mí misma, una vez más. He aprendido a identificar a las personas que merecen la pena, las situaciones, los momentos… la vida hay que exprimirla pero con ganas. Es en este punto donde me encuentro ahora. Leyendo la letra pequeña del contrato de lo que significa vivir. Vivir es, es, es… pues no sé. Aún me queda el resto de mi vida para comprobarlo.

De entre todas las cosas que me dan la vida, una de ellas es la lectura y la escritura. Este año se cumplen ochenta años del vil asesinato de uno de nuestros poetas más carismáticos: Federico García Lorca. Él sí sabía muy bien en que consistía la letra pequeña.  Para no dejar de olvidarle, a continuación reproduzco uno de los muchos poemas que me gustan de Federico. ¡Disfrutadlo! ¡Nos volvemos a leer muy pronto!

 

ROMANCE DE LA LUNA

a Conchita García Lorca

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.
Federico García Lorca, 1928

 

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