Caracolas

El aire me da en la cara, golpea tan fuerte que apenas puedo abrir los ojos. Mi cuerpo se desliza como una hoja a causa del fuerte viento pero nunca se dobla. No me rindo. Sigo caminando pese a la dificultad pero siento que cada vez me pesa más el cuerpo. Los ojos se me van cerrando. Estoy cansada.

Abro los ojos y me encuentro en mitad de un parque escribiendo, tomando notas, observando a la gente que pasa a mi lado. Mis dedos pierden el control y aumenta el ritmo de escritura. Por mi cabeza no paran de agolparse recuerdos, vivencias que indican que un tiempo pasado fue mejor. Personas, lugares, momentos que han pasado por mi vida de manera fugaz. Diapositivas vitales que me producen ternura e incluso una leve sonrisa de añoranza.

De repente, mi vista se clava en ti. Tu cara, tu pelo, el sonido de tu risa y tu mirada pícara te delatan. Vamos andando por la Gran Vía madrileña hablando de libros, de tu libreta secreta donde guardas una información tan valiosa que da miedo leerla. Nos reímos. Hacemos nuestra ruta de cafés y locales con cierto encanto mientras charlamos de nuestra vida. Mientras me cuentas algo que te ha venido a la mente de tu tierra tan bonita y de lo que te gusta hacer por las tierras del norte  te miro fijamente y a medida que vas hablando se te escapa una sonrisilla de las tuyas, de las que enamoran. De un golpe de viento despierto de mi letargo y te pienso, te sueño, te echo de menos. Mucho. Cada día más. Está claro que no te olvidaré nunca pues vienes a mi mente a menudo con cualquier detalle. Las lágrimas recorren mis mejillas sin cesar pero siempre me queda una sonrisa al recordar tan buenos momentos juntos. Los sueños son como son pero la realidad siempre fue mucho mejor para nosotros.

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El dolor de la ambición

Acercarse a Shakespeare no es tarea fácil. Bien lo sabe Eduardo Vasco (Madrid, 1968), que junto con su compañía Noviembre Teatro lleva a escena por quinta vez al autor inglés. Ricardo III, que cierra la tetralogía Shakesperiana sobre la historia de Inglaterra, nos presenta a un hombre derrotado en la batalla de Bosworth (1485), que, con ansias de poder; maldad y una crueldad desmedida hará lo que sea para llegar al trono. Cueste lo que cueste. Le pese a quien le pese.

La propuesta de Vasco, en versión de Yolanda Pallín, nos presenta unos personajes que son defendidos por los actores en bloque. El texto no deja de sorprender al espectador, pues es fiel reflejo de la sociedad en que vivimos: poder, ambición, falta de escrúpulos, violencia. Un círculo vicioso que el elenco resuelve con excelente acierto. El director madrileño, como siempre, hace magia sobre las tablas. Dirige a sus personajes como un gran director de orquesta. Meticuloso y preciso. No deja cabos sueltos. Tanto es así que también se hace cargo de la música que acompaña a este montaje.

Con una sencilla escenografía, a cargo de Carolina González, el espectador vigila y observa con estupor el interior de un castillo, el campo de batalla o los más vastos exteriores. Todo con apenas algo de mobiliario que se utiliza según las necesidades de la escena.thumb_2470853338 La audiencia queda rendida a cada situación. El elegante vestuario del diseñador Lorenzo Caprile deja al público especular con el marco temporal de la obra. Juega con los tejidos y los complementos, desde lo más sofisticado hasta lo más escueto o uniformado.

Sin duda Ricardo III es, para quienes ya conocen el trabajo de Arturo Querejeta, otro éxito más. Cerca de dos horas sin parar. Habla, gesticula, se mueve por el escenario como una mariposa: rozando y tocando con sigilo. La potente voz suma a un personaje cruel, incapaz de mostrar verdadero arrepentimiento y cuyos sentimientos quedan ocultos tras la ambición. No le importa nada ni nadie con tal de lograr su objetivo y así nos lo hace saber con su mirada penetrante y oscura.

Es este un montaje ágil y elegante siguiendo la línea de anteriores montajes de la compañía. Es puro teatro sin aditivos. Lo ves. Lo sientes. Como dice Ricardo III “¡Mi reino por un caballo!” o por cualquier otro montaje de tal calidad. El espectador se sentirá incómodo ante el paralelismo de la sociedad actual. Ya lo dicen sus protagonistas: “El mundo está vuelto del revés, tiene la cabeza donde deben estar los pies”. Bienvenido al siglo XXI Su Majestad.

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Fotos: Chicho/ http://www.noviembreteatro.es

EQUIPO ARTÍSTICO Y TÉCNICO

Dirección: Eduardo Vasco
Compañía: Noviembre Compañía de Teatro
Reparto:

Ricardo Arturo Querejeta
Margarita / Duquesa Charo Amador
Buckingham Fernando Sendino
Isabel Isabel Rodes
Clarence / Stanley Rafael Ortíz
Ana / Duque de York Cristina Adúa
Hastings / Richmond Antonio de Cos
Asesino / Principe de Gales / Ratcliff José Luis Massó
Asesino / Rey Eduardo / Catesby José Vicente Ramos
Pianista / Grey / Sacerdote / Tirrel Jorge Bedoya
Brakenbury / Rivers / Alcalde Guillermo Serrano
Ayudante de dirección Fran Guinot / Daniel Santos
Fotografía Chicho
Música Janácek/Vasco
Iluminación Miguel Ángel Camacho
Escenografía Carolina González
Vestuario Lorenzo Caprile

Versión Yolanda Pallín

Comunicación Josi Cortes
Producción y distribución Miguel Ángel Alcántara

Fechas: Del 1 de diciembre de 2016 al 15 de enero de 2017
Lugar: Teatro Español – Sala Principal en Plaza Santa Ana. Calle Príncipe 25
Horarios: De martes a sábado 20h. Domingos 19h.
Precio: Entradas de 5 a 22€. Martes, miércoles y jueves 25% de dto.
Duración: 1 hora 40 minutos. Aprox. (Sin intermedio)

La cocina de la vida

La cocina siempre ha sido un lugar donde se desgranan los sentidos. Se vibra, se aprende, se sufre a veces. También hay ilusión. Emoción. Imaginación. Todo eso y mucho más es lo que nos propone Sergio Peris-Mencheta (Madrid, 1975) en su montaje de este excelente texto del autor inglés Arnold Wesker (Londres, 1932-2016).

Como si de unos títeres manejados a través de sus hilos, se nos presenta un elenco de 26 actores (2 más que se mencionan pero no están en escena). 26 almas. 26 seres humanos que, a través de una intensísima jornada laboral, desmenuzan sus sentimientos, sus miedos. Sazonados con pasión, añaden unas pizcas de amor y una cucharada colmada de odio y dolor.

A través de una vista 360º el espectador es testigo y “comensal” de las vidas y miserias de estos personajes que funcionan perfectamente como un mecanismo de reloj suizo. Una dirección de actores que los lleva al extremo de sus personajes. Descomunal y muy acertado trabajo de Peris-Mencheta que coordina un elenco donde todos y todas, sin excepción, brillan.

En una cocina perfectamente equipada y sin alimentos reales (sí olores que el espectador descubrirá a medida que avanza la jornada laboral), los actores y actrices realizan unos movimientos perfectos haciendo partícipe al público de su tarea como camareros/as, cocineros, reposteros o pinches.910_dsc1109-690x460

Bajo estas líneas, una imagen de los ensayos de “La Cocina”. Foto: http://www.barcopirata.org

Una escenografía muy completa y realista. Destacan además el vestuario, peluquería y maquillaje; natural y sencillo. Siempre sin esconder el toque personal de cada actor o actriz.

Muy trabajados los acentos de cada personaje. Resulta paradógico (y no sin intención), pues el elenco procede de diferentes provincias españolas. Se respira esfuerzo, mucho trabajo, compañerismo y solidaridad entre todos. Se nota todo el trabajo previo de ensayos, de disfrute, de sensaciones que debieron salir de aquellos. Así lo percibe el espectador.

El amor, el odio, la guerra, o el dolor emocional que se muestran, hacen a los hombres y mujeres que trabajan en el restaurante de Marango, vulnerables. Son piezas del puzzle de esta sociedad donde la violencia, las consecuencias de las contiendas, las malas políticas de  los gobiernos, el poder y la ambición de los gobernantes les han llevado a vivir arrastrados por la corriente mientras esperan una revolución o hacen la suya propia. Porque el ser humano es solo eso, humano.

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Foto cartel: Centro Dramático Nacional.

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA

Reparto: Silvia Abascal, Roberto Álvarez, Fátima Baeza, Aitor Beltrán, Almudena Cid, Víctor Duplá, Patxi Freytez, Javivi Gil, José Gimeno, Ricardo Gómez, Pepe Lorente, Óscar Martínez, Natalia Mateo, Xabier Murúa, Berta Ojea, Diana Palazón, Ignacio Rengel, Xenia Reguant, Nacho Rubio, Alejo Sauras, Marta Solaz, Romans Suárez-Pazos, Mario Tardón, Javier Tolosa, Carmen del Valle, Luis Zahera
Autor: Arnold Wesker
Versión y dirección: Sergio Peris-Mencheta
Escenografía: Curt Allen Wilmer
Vestuario: Elda Noriega
Iluminación: Valentín Álvarez
Movimiento escénico: Chevi Muraday
Espacio sonoro: Pablo Martín-Jones

Cartel: ByG/Isidro Ferrer

Fotos: marcosGpunto

Vídeo: Paz Producciones

Producción: Centro Dramático Nacional y Barco Pirata Producciones
Fechas y horarios: Del 18 de noviembre al 30 de diciembre
de martes a sábado 20:30 horas y domingo 19:30 horas en el TEATRO VALLE-INCLÁN

El hombre tranquilo

A veces, cuando ya no puedes más, cuando el dolor es insoportable o la vida no da tregua estallas. La vida que antes conocías ha volado en pedazos y entonces te preguntas, ¿y ahora qué? De esta premisa, que se torna en venganza, parte la ópera prima como director del actor Raúl Arévalo (Madrid, 1979).tpli_final_cartel_300x445

“Tarde para la Ira” es un thriller que afronta temas como la venganza, el dolor, la familia, la lealtad. Rodada en gran parte en su localidad natal (Móstoles, Madrid) entre otras zonas; nos muestra a un protagonista taciturno, paciente, con mirada perdida y atrapado en una soledad y un dolor que hielan el alma. Interpretado magistralmente por el siempre resuelto Antonio de la Torre (Málaga, 1968), cuenta la historia de Curro, encarnado por un estupendo Luis Callejo, (Segovia, 1970) que acaba de salir de prisión tras haber estado encerrado ocho años debido a su participación en el atraco de una joyería. Ahora solo piensa en iniciar una nueva vida junto a su familia, pero por culpa de una situación inesperada descubrirá que no será tan fácil como pensaba. Tras su encuentro con José (de La Torre), un desconocido que le llevará a emprender un insólito viaje donde tendrán que enfrentarse juntos a los fantasmas de su pasado.

Con esta prometedora sinopsis, el ahora director de pleno derecho Raúl Arévalo, nos lleva por el más puro cine negro, el thriller o incluso el “Spaguetti Western”. Primerísimos planos de miradas agónicas, de miedo, de terror, de tristeza al más puro estilo de Sergio Leone o de filmes de los ’70.  Es puro cine. Secuencias que dejan sin aliento. Callejo y de La Torre se ensamblan perfectamente como el engranaje de un gran mecanismo. Sin margen de error. No debemos olvidar a una brillante Ruth Díaz (ganadora del premio a la mejor actriz en el Festival de Venecia 2016, sección Orizzonti) que compone un personaje redondo con sus gestos de apatía, angustia, conformismo y esa mirada. Esa mirada.

Arévalo, logra con su primer filme como director, contar lo que verdaderamente quiere contar. Ni más ni menos. Sabe lo que quiere y lo consigue. “Encierra” a sus personajes en un ambiente sucio y vicioso. El desasosiego y la tensión están presentes en cada fotograma. Sin duda es una de las agradables sorpresas de este año. Esto no ha hecho más que empezar.

Foto de cartel: lacanicafilms.com

FICHA ARTÍSTICA

Antonio de la Torre
Luis Callejo
Ruth Díaz
Raúl Jiménez
Manolo Solo
Font García

FICHA TÉCNICA

Director: RAÚL ARÉVALO
Productora: BEATRIZ BODEGAS
Guión: RAÚL ARÉVALO y DAVID PULIDO
Director de Fotografía: ARNAU VALLS
Música: LUCIO GODOY
Diseño de Producción: ANTÓN LAGUNA
Director de Producción: SERGIO DÍAZ BERMEJO
Montaje: ANGEL HERNÁNDEZ ZOIDO
Diseño de Vestuario: CRISTINA RODRIGUEZ y ALBERTO VALCÁRCEL
Maquillaje y Peluquería: ESTHER GUILLEM y PILUCA GUILLEM
Sonido: TAMARA ARÉVALO

Una producción de LA CANICA FILMS y AGOSTO LA PELICULA A.I.E.
Con la participación de TVE, MOVISTAR + EN ASOCIACIÓN CON FILM FACTORY
y PALOMAR SPA
Con la ayuda de AUDIOVISUAL S.G.R.

En tiempos de amor y desamor

El amor es un profundo sentimiento que conecta, pero… ¿existe el amor para toda la vida? El amor, ¿es sólo química o algo más? ¿mueve el mundo o solo es un cliché propio la sociedad de consumo en la que vivimos?

El nuevo espectáculo de actor, monologuista, músico y showman Alex O’Dogherty (San Fernando, Cádiz,; 1973) que recibe el título de “El Amor pa’ na'” (actualmente en gira) es un compendio de monólogos de humor sobre el amor y el desamor del personaje que interpreta, pues él mismo aclara que “no es autobiográfico”, canciones, reflexión y todo aderezado con la interacción y colaboración del público asistente que se entrega sin miramientos.

Es un viaje por el significado del amor alejado de lo puramente romántico que nos tiene acostumbrado el cine. Es irreverente, canalla, gamberro y muy divertido. Sin revelar nada solo podemos asegurar que las risas (y la reflexión) están aseguradas. O’Dogherty nunca deja indiferente a nadie. En su mundo particular cuando entras, lo haces hasta dentro, sin mirar atrás.

Muy recomendable para ir en pareja que te hará replantearte algunas cuestiones, solo/a para reír y disfrutar o con amigos para aclamar a coro “a mí también me ha pasado”. Todos amamos o hemos amado, todos hemos sufrido por amor… pero muy pocos se han reído de ello como Alex O’Dogherty. Un decorado sencillo pero efectivo recibe al espectador con la llaves del corazón, el de cualquiera de los presentes. Posteriormente, otro corazón que ocupa el centro de la pista es “apuñalado” con objetos significativos que el público va descubriendo a lo largo de la historia que se relata. Entrelazando adecuadamente monólogos y canciones como en su anterior espectáculo (“Mi imaginación y yo” con La Bizarrería que es brillante a ojos de quien escribe), lleva al espectador por las fases del amor; ese sentimiento tan contradictorio. Pero al final lo verdaderamente importante es el amor por uno mismo y por  los que te rodean. Va más allá del amor romántico. Porque, como bien dice el artista gaditano al final de la función sobre el personaje, es “maravillosamente libre”.

 

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24568185721_3db3df436c_o-2Fotos: http://www.flickr.com/photos/alexodogherty/

Consultar fechas de la gira de “El Amor es pa’ na”  y otros espectáculos en la web del artista: http://www.alexodogherty.com

Ante tus ojos

Paseando por Madrid te cruzas con mucha gente. Personas y personajes. Personas que vienen y van, a cámara lenta, como si fuera una película experimental. Personas que miran, sueñan, buscan, rebuscan. Y los personajes, ¡qué os voy a contar! Los personajes son un atractivo más de la ciudad. De Madrid y de cualquier otra gran ciudad. Los personajes que habitan en la gran ciudad no tienen “biblia” (los compañeros guionistas lo entenderán). Viven en el presente permanentemente. Unos, artistas sin estrella, te muestran lo mejor de ellos mismos en El Retiro, la Plaza de Lavapiés o en la misma Puerta del Sol. No sabes nada de sus vidas, ellos de la tuya tampoco. ¿O sí?

Hace un tiempo, cerca de la Plaza de Oriente en Madrid, mientras escribía situaciones e hilaba personajes, alguien se acercó a mí (pensaba que era un turista para preguntarme una calle o la ubicación de algún lugar) y empieza, no solo a contarme parte de su vida (casualmente decía ser un actor sin suerte) sino que comenzó a relatarme parte de mi vida profesional. Y a cuadros me quedé, claro. No voy a dar detalles de la conversación pero solo puedo decir que aluciné. No soy una profesional relevante, ni mucho menos, pero hago lo que puedo y procuro no estar sin hacer nada aunque pase malas épocas profesionales, de ahí mi sorpresa ante tal seguimiento como si yo fuera una “influencer”.

Existen otros personajes impregnados en el paisaje que hacen de las ciudades unos lugares cálidos, con carácter e identidad propia. Sienten y se expresan con lo que tienen a su alcance: desde su propio “atrezzo” hasta el mobiliario urbano que hacen suyo por un momento. Todos y todas con historias detrás. Límites, sentimientos, momentos, instantes. La “mochila vital” les pesa pero siempre la comparten con todos nosotros. Gracias a todos y todas los que enriquecen las ciudades con su talento para sacarnos una sonrisa, hacernos pensar o simplemente pasar un buen rato. Y todo esto esto ocurre en la calle. En tu barrio, en la zona donde sales con tus amigos o al lado del trabajo. La calle, siempre fue la verdadera universidad, como muchos y muchas predican.

 

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Panorámica de la Plaza de Oriente en Madrid (España)

Fuente: http://www.madridsensations.com

Letra pequeña

Durante estos meses he estado haciendo muchas cosas. He conocido gente nueva, otras personas, por razones que aún desconozco, han decidido desaparecer y evaporarse de mi vida, quizás era el destino. Nunca lo sabré.

Además he visto mucho teatro, cine, arte. He aprendido de tanta gente… También he aprendido de mí misma, una vez más. He aprendido a identificar a las personas que merecen la pena, las situaciones, los momentos… la vida hay que exprimirla pero con ganas. Es en este punto donde me encuentro ahora. Leyendo la letra pequeña del contrato de lo que significa vivir. Vivir es, es, es… pues no sé. Aún me queda el resto de mi vida para comprobarlo.

De entre todas las cosas que me dan la vida, una de ellas es la lectura y la escritura. Este año se cumplen ochenta años del vil asesinato de uno de nuestros poetas más carismáticos: Federico García Lorca. Él sí sabía muy bien en que consistía la letra pequeña.  Para no dejar de olvidarle, a continuación reproduzco uno de los muchos poemas que me gustan de Federico. ¡Disfrutadlo! ¡Nos volvemos a leer muy pronto!

 

ROMANCE DE LA LUNA

a Conchita García Lorca

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.
Federico García Lorca, 1928

 

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El vuelo de la mariposa

Las personas que tendemos a ilusionamos por todo pero luego todo nos sale mal somos unas petardas. Sí, lo confieso. Soy una petarda. Una petarda que ríe por casi todo, llora en solitario o con exquisitos cómplices a los que les debo mucho. Ellas/os saben quienes son. Unos, aunque los vea poco, están muy presentes, pues el contacto es casi permanente, así que no tengo queja. Otros ya no están en este mundo, pero mediante el deslizar de mis palabras en mis cuadernos privados aún les siento conmigo. Como el delicado y ligero vuelo de una mariposa: palabras sigilosas, bellas, suaves, palabras que rompen o brillan.

Debo decir a mi favor que me declaro petarda pero no soy una “loca del coño”. Que tenéis los conceptos muy confundidos queridos y queridas. Sí, vosotros. Que os creéis mejor que nadie porque no exteriorizáis vuestros sentimientos y os dedicáis a engañaros a vosotros mismos con que todo es “happy” y “supermegaguay” con vuestras publicaciones en redes sociales o vuestras “historietas” que no se las cree ni la madre que os parió. ¡Frivolidades a mí!!! ¡Ja! Pues no. La vida tiene sus cosas calificadas aproximadamente así: buenas, muy buenas, fantásticas, una mierda, una puta mierda o un infierno.

Como un gusano a punto de deshacerse de su capullo para dar paso a la mariposa que florece. Como el vuelo de una mariposa. Las personas petardas también disfrutamos de las cosas más sencillas y valoramos cosas que no todos/as sois capaces de ver, obtusos y obtusas “of my heart”.

Como si de un videojuego se tratara, las piezas caen, las saltas, o se destruyen (Por cierto Felicidades Super Mario! Qué buenos ratos de niños!). Pues esa es la vida de una petarda. Obstáculos, gente tóxica y con mucho morro, dolor y risas. Como la de todo el mundo, vamos. Pero también somos muy nuestros, así que no nos pasemos tampoco; que a veces estamos para que nos den de comer a parte.

Pero pecamos de ingenuos, sensibles y darlo todo con otros especímenes humanos que no lo merecen. Y… hostia va, hostia viene. Y aquí seguimos.  Siempre en lucha, siempre en guardia. Siempre atentos petardas y petardos del mundo, como el vuelo de la mariposa de mi ventana.

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Foto: http://www.ecoosfera.com

Hubo un Imperio…

Muchos esperábamos con ganas la ansiada (inmediato y estratégico estreno por parte de TVE) llegada de “Carlos Rey Emperador” a la Corte de Castilla y a todos nuestro hogares.

El piloto tiene muchos peros y algún acierto. Audiovisualmente es un producto sin pegas, de factura impecable con el sello inconfundible de Diagonal y otras producciones que le preceden a ésta. Una fotografía poblada de luces y sombras como la época de la que se ocupa la narración del protagonista. Sin renunciar, al igual que en vestuario, peluquería y maquillaje, a la mayor época de todos los tiempos: El Renacimiento.

Lo mejor, junto a algunos integrantes del extensísimo reparto que la conforman, la música. De nuevo Jusid da en la diana. Por sus notas destilan traiciones, batallas, dolor, muerte o amor. Sobresaliente y soberbia.

El guión, de José Luis Martín, está lleno de licencias dramáticas, aunque “se perdonen” producen cierta incredulidad. Se muestra una especie de Juego de Tronos “a la ibérica” que descoloca muchas veces al telespectador. Otra de las incongruencias de esta ficción es la historia de Hernán Cortés, sobra. Aunque paralelamente se desarrolle en la misma época, hace que el espectador pierda el hilo de la historia (y todas sus subtramas) que pretende contar, la historia de un hombre que heredó un Imperio. Una verdadera pena para el actor que lo interpreta, José Luis García Pérez, actor de raza que merece, como Hernán Cortes, una serie propia.

En cuanto al resto del casting, plagado de secundarios de lujo como el inquietante Eusebio Poncela, los soberbios Helio Pedregal o Francesc Orella, junto al siempre acertado Israel Elejalde; destacan de manera muy grata para quien escribe Alfonso Bassave y emociona ver a una espléndida Nathalie Poza y la siempre brillante Susi Sánchez. El protagonista, Álvaro Cervantes, al menos en lo que al primer capítulo respecta, está correcto.

Lógicamente no pretende ser una sucesión de “Isabel”, y menos mal. Porque queda muy muy alejada de lo que fue ese hito televisivo. Es otra cosa. Aún quedan varios episodios y muchísimos secundarios espectaculares de esta serie transmedia que se apunta al carro de las nuevas tecnologías y el marketing como ya hicieron en su día otras producciones de la cadena.  Confiamos en que en capítulos sucesivos vaya a más, al menos le damos un voto de confianza.

FICHA TÉCNICA

Director: Oriol Ferrer, Salvador García Ruiz, Jorge Torregrossa
Guión: José Luis Martín
Música: Federico Jusid
Fotografía: David Azcano

FICHA ARTÍSTICA

Álvaro Cervantes, Blanca Suárez, Alberto San Juan, Alfonso Bassave, Susi Sánchez, Nathalie Poza, Israel Elejalde, Helio Pedregal, Francesc Orella, José Luis García Pérez, Laia Marull, Alicia Borrachero, Víctor Clavijo, Àlex Brendemühl, entre otros.

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Algunos de los protagonistas de la serie “Carlos Rey Emperador” en la presentación en el FestiVal

Foto: laguiatv.abc.es

Los artistas multidisciplinares

Cierro los ojos. Los abro empujada por un fuerte oleaje. No es el oleaje, son tus ojos. Azul cielo, azul talento. Guionista perfeccionista, tímido (en esos aspectos somos muy parecidos) y muy divertido, no solo crea historias. Da vida. Y encima es adorable; hasta cuando quien escriba, atea de convencimiento se vuelva beata hasta las trancas por “exigencias del guión”. “Carmen” nunca te olvidará, ni yo tampoco.

Mientras escribo estas líneas oigo mucho ruido, rock duro, Tarantino, guitarras… Son mi amigo el gran galán, con esas botas de cowboy que le aumentan atractivo (más si cabe!!) pero no le restan ni un ápice de talento, que se lo digan a “los diseñadores” de una empresa de muebles. Atento, confidente, servicial y excelente anfitrión (éstas características totalmente aplicables a la dueña de su corazón, colega de profesión y excelente persona). Junto a él, la mente que nunca descansa. Y es que su ingenio y su buen corazón, le hacen ser, además de creativo y divertido un compañero de lujo. Anima, hace reír y encima cuenta “gossips”. Solo este tipo de personas pueden hacer TODO, ABSOLUTAMENTE TODO, LO QUE SE PROPONGAN. Solo espero estar en su vida para verlo y constatar mis premisas.

De repente el viento trae a alguien que vuela… Bueno no es alguien, es algo. Un tupé. Rubio, de ojos claros, de carácter relajado, aunque a veces parece que salga de una montaña rusa de emociones. Compañero de gran ingenio que siempre supo quitar importancia al caos, que hizo que unas hermanas salidas de una peli ochentera de Almodóvar se quisieran y se odiaran. Siempre pendiente (de sus sentimientos reales y de sus sentimientos en la ficción) de quien escribe, perdida como un “elefante en una cacharrería” en este mundo de los actores y toda esa gente de la que ya no soy fan. Sino de la que siento un profundo respeto por todo lo que hacen.

Alguien abre la puerta. Es el amor de mi vida. Aparece en la estancia con su sexy barba y unas gafas, está más guapo sin ellas, pero ahí no entro. Un abrazo suyo reconforta más que años de “Terapia”. Aunque hubiera sido el psicólogo de mis fantasías de guionista. Dispuesto a todo. Nada le para. Pedazo de hombre. Pedazo de buena persona.

Sin venir a cuento, sale de una estancia que no reconozco otro hombre. Alto, “diseñador de muebles” y “fanático de la Wii”. Es simpático, aunque con un hermano suyo tenga mucha violencia contenida. Me sonríe y me da consejos en otra de mis profesiones: la producción audiovisual. Un buen apoyo con sus aportes. Aún no sé si son aportes calóricos, (por mi parte, claro) él está estupendo.

Por fin llego a mi habitación y me encuentro, entre todas mis freakadas, a “mi chica cobrizo”. Se me agotaron los halagos como persona el día que me hizo recordar mi amada profesión: el periodismo. Aquella mañana de julio me ayudó a descubrir a una persona, un corazón. Una actriz. Una profesional. Sus consejos, junto al hombre de mi vida, me ayudaron a seguir adelante y no abandonar una gran aventura a la primera de cambio. La mejor “artista conceptual medicada” que podría haber en cualquier “Terapia” a la que yo misma hubiese asistido. Simplemente es “lo puto más”.

A su lado, de un lado a otro, y observando todo, como si fuera de Hacienda, solo podía ver unos ojos. Verdes y felinos. Me pregunta por todos mis programas teatrales y mis fotos privadas con grandes de la escena. Ella sueña con subirse al Teatro romano de Mérida. Y lo consigue. Me canta canciones de “la Houston” y de Serrat, una que me revuelve todo, pues fue la favorita de mis padres. Llegará muy lejos. Se va en pleno despegue pero despidiéndose con una sonrisa.

De repente empiezan a entrar dos chicas. Andaluzas y risueñas. COMPAÑERAS y MAESTRAS. En el “acting” y en la vida. Una es un poco “chica”, la otra habla muy rápido y me suena tanto su cara… como si fuera de mi familia. Las dos muy enérgicas, parece que se han escapado de “Jo tía, no te saltes el eje” (Kike Narcea, 2006) pero personas especiales e imaginativas.

No para de entrar gente a mi habitación, y eso que no es tan grande. Así que salgo al pasillo a respirar. Unas palabras en gallego me hacen sonreír. Es “mi pequeña gallega”, preparando un papel. Cariñosa, muy exigente (me atrevería a decir que más que yo) y soñadora. Por favor! No seas como yo y no sufras tanto! Disfruta de lo que más amas y de tu talento. Sigue siendo tú.

Ya llego al final de mi camino, me siento en el sofá del salón. Dos mujeres hablando entre ellas. De “el para qué” y otras cosas que resuenan en mi cabeza. Una de ellas pelirroja y con un acento cordobés inconfundible. la reconozco: es la “Mari”, mi hermana. Bautizada desde ésta bitácora como una fuerza de la naturaleza, es enérgica y muy divertida. No pierde la sonrisa ni haciendo pilates. No sé porqué no cree en ella misma. Es buena en su trabajo y está muy preparada. Odia a una tal Bárbara que no sé quien es… Pero espero que cuando hablen se le pase y cree su propio “Intérprete” como mi admirado Asier Etxeandía. La otra mujer, menuda de cuerpo pero de sonrisa y abrazos sin fin, me recuerda a alguien. Alguien a quien respeto profesionalmente desde 2003 y personalmente desde que la vida nos cruzó. Poco tengo que decir, pues me conoce y es lo de siempre, parafraseando a su ídolo David Mamet: “Menos es más”.

Ya me voy que sino, a ver quien ordena a tanta gente… en la cocina, un pequeño gran profesional del audiovisual juega al cubo de Rubik mientras me habla de la historial mundial del cine.

GRACIAS A TODOS “DISCIPLINEROS”.

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