Letra pequeña

Durante estos meses he estado haciendo muchas cosas. He conocido gente nueva, otras personas, por razones que aún desconozco, han decidido desaparecer y evaporarse de mi vida, quizás era el destino. Nunca lo sabré.

Además he visto mucho teatro, cine, arte. He aprendido de tanta gente… También he aprendido de mí misma, una vez más. He aprendido a identificar a las personas que merecen la pena, las situaciones, los momentos… la vida hay que exprimirla pero con ganas. Es en este punto donde me encuentro ahora. Leyendo la letra pequeña del contrato de lo que significa vivir. Vivir es, es, es… pues no sé. Aún me queda el resto de mi vida para comprobarlo.

De entre todas las cosas que me dan la vida, una de ellas es la lectura y la escritura. Este año se cumplen ochenta años del vil asesinato de uno de nuestros poetas más carismáticos: Federico García Lorca. Él sí sabía muy bien en que consistía la letra pequeña.  Para no dejar de olvidarle, a continuación reproduzco uno de los muchos poemas que me gustan de Federico. ¡Disfrutadlo! ¡Nos volvemos a leer muy pronto!

 

ROMANCE DE LA LUNA

a Conchita García Lorca

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.
Federico García Lorca, 1928

 

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Hubo un Imperio…

Muchos esperábamos con ganas la ansiada (inmediato y estratégico estreno por parte de TVE) llegada de “Carlos Rey Emperador” a la Corte de Castilla y a todos nuestro hogares.

El piloto tiene muchos peros y algún acierto. Audiovisualmente es un producto sin pegas, de factura impecable con el sello inconfundible de Diagonal y otras producciones que le preceden a ésta. Una fotografía poblada de luces y sombras como la época de la que se ocupa la narración del protagonista. Sin renunciar, al igual que en vestuario, peluquería y maquillaje, a la mayor época de todos los tiempos: El Renacimiento.

Lo mejor, junto a algunos integrantes del extensísimo reparto que la conforman, la música. De nuevo Jusid da en la diana. Por sus notas destilan traiciones, batallas, dolor, muerte o amor. Sobresaliente y soberbia.

El guión, de José Luis Martín, está lleno de licencias dramáticas, aunque “se perdonen” producen cierta incredulidad. Se muestra una especie de Juego de Tronos “a la ibérica” que descoloca muchas veces al telespectador. Otra de las incongruencias de esta ficción es la historia de Hernán Cortés, sobra. Aunque paralelamente se desarrolle en la misma época, hace que el espectador pierda el hilo de la historia (y todas sus subtramas) que pretende contar, la historia de un hombre que heredó un Imperio. Una verdadera pena para el actor que lo interpreta, José Luis García Pérez, actor de raza que merece, como Hernán Cortes, una serie propia.

En cuanto al resto del casting, plagado de secundarios de lujo como el inquietante Eusebio Poncela, los soberbios Helio Pedregal o Francesc Orella, junto al siempre acertado Israel Elejalde; destacan de manera muy grata para quien escribe Alfonso Bassave y emociona ver a una espléndida Nathalie Poza y la siempre brillante Susi Sánchez. El protagonista, Álvaro Cervantes, al menos en lo que al primer capítulo respecta, está correcto.

Lógicamente no pretende ser una sucesión de “Isabel”, y menos mal. Porque queda muy muy alejada de lo que fue ese hito televisivo. Es otra cosa. Aún quedan varios episodios y muchísimos secundarios espectaculares de esta serie transmedia que se apunta al carro de las nuevas tecnologías y el marketing como ya hicieron en su día otras producciones de la cadena.  Confiamos en que en capítulos sucesivos vaya a más, al menos le damos un voto de confianza.

FICHA TÉCNICA

Director: Oriol Ferrer, Salvador García Ruiz, Jorge Torregrossa
Guión: José Luis Martín
Música: Federico Jusid
Fotografía: David Azcano

FICHA ARTÍSTICA

Álvaro Cervantes, Blanca Suárez, Alberto San Juan, Alfonso Bassave, Susi Sánchez, Nathalie Poza, Israel Elejalde, Helio Pedregal, Francesc Orella, José Luis García Pérez, Laia Marull, Alicia Borrachero, Víctor Clavijo, Àlex Brendemühl, entre otros.

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Algunos de los protagonistas de la serie “Carlos Rey Emperador” en la presentación en el FestiVal

Foto: laguiatv.abc.es

Spain is a sitcom

La primera vez que leí algo de Carlos Clavijo (Málaga, 1971) fue su primera novela (“Alas de pollo”, 2002) tan imprevisible como necesaria. Aunque ya le seguía la pista a través de su etapa en Paramount Comedy. Su humor, sus giros inesperados, siempre pegados a la actualidad, y su necesidad de hacer reír al público con actividades de lo más cotidianas me instaron a seguirle la pista.

Hoy, muchísimos años después, vuelve con su quinta novela: “Bienvenidos a Spanien”, (2015, MR Ediciones).

Viniendo de este autor, guionista, monologuista y lo que él quiera, sabes que te vas a reír. Pero a carcajadas. No defrauda.

Cuando un investigador alemán viene a España para averiguar como adaptar el modelo turístico ibérico al país germano, el lector ya sabes que va a disfrutar desde la primera línea.

Humor, sarcasmo, mucha acidez pero también actualidad. Desde la baja calidad educativa y el empobrecimiento sanitario hasta el paro o la corrupción, haciendo paradas en nuestra variada gastronomía. Nuestro querido investigador, al que el lector “adopta” como a uno más, recorre parte de la geografía española buscando a un colega desaparecido. A partir de ahí se suceden multitud de peripecias y situaciones de lo más surrealistas, no exentas de algo de verdad.

“Bienvenidos a Spanien” no pretende otra cosa que no sea la risa, de miserias propias y ajenas, de las costumbres nacionales, de la vida. Y lo consigue con creces. Enhorabuena Mr. Clavijo.

El lector disfrutará, puede que hasta se vea reflejado en un espejo en ciertas situaciones, y también se avergonzará. Como dice el protagonista en muchas ocasiones: “¡Ay, qué país!”.

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Foto: http://www.casadellibro.com

Enlaces de vida

Como ávida lectora entré en aquella librería como quien entra en una fiesta sin ser invitado. Con precaución, eché un vistazo a las novedades y, de repente, ¡allí estaba! Me estaba esperando iluminado bajo los focos de mi imaginación: “El jardín de la memoria” de Lea Vélez (Madrid, 1970)

Apurando cada página me voy dando cuenta de que es una historia de amor. Puro y sincero. Sin rasgaduras. Pero también una historia de dolor. La fragilidad y el valor de tres historias reales encadenadas que nos “curan” del miedo a la muerte. La autora, expresa sus más sinceros sentimientos hacia los últimos momentos de su marido, su compañero, su alma vital. A través de recuerdos familiares y hechos históricos que forman parte de la Historia de la humanidad (dejamos que el lector lo vaya descubriendo), nos enseña la convivencia, las risas, las lágrimas; en definitiva: su vida cotidiana extraída de su memoria.

Con una prosa de fácil lectura, introduce al lector en su intimidad. En su terapia. En su vida en pareja. Desde el primer beso hasta el fin. Lágrimas brotan sobre quien escribe por el realismo absoluto que denota cada letra, sílaba, palabra o frase. Un trabajo documental (literal) que bucea en recuerdos, escogiendo con mimo pero sin omitir nada. Vélez le planta cara a la muerte: ¡Aquí estoy! dicen sus palabras entre silencios. Preparada para su nuevo estado civil no escatima en detalles, mimos, sonrisas. En definitiva: verdad. Sólo eso hace que el lector interactue con ella. No hace falta nada más. Sencillez, verdad y amor en cada coma.

Quien escribe no va a negar lágrimas durante su lectura, tal vez por casos cercanos o por no saber enfrentarlos con valor como la autora. Solo cabe recordar que merece todos y cada uno de los reconocimientos literarios que reciba por la calidad, la sencillez, la ausencia de tabúes, la libertad y la entrega por contar, como la propia autora dice: ” Tres años después de aquel otoño extraordinario, me siento plena, sabiendo que ganamos y que había que contarlo. Para demostrar lo que digo, aquí está nuestra historia.”

Solo puedo añadir: Gracias Lea.

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Foto portada: http://www.casadellibro.es

Periodismo vocacional. Sin fronteras.

Peláez somos todos. Todos los que amamos el periodismo. Todos los que hacemos lo imposible por contar la verdad, el hecho, el ahora.

Un jefe idiota e ignorante no detiene a nuestro “alter ego” Peláez. Bien lo sabe su creador, David Barreiro (Gijón, 1977), que empezó con esos hilarantes, críticos y ácidos diálogos entre redactor jefe y “plumilla” allá por 1995, cuando comenzó a estudiar Periodismo en Salamanca.

A medio camino entre la realidad y la ficción, su autor afirma que es: “una crónica de los últimos años contada a través de los diálogos entre Peláez, un periodista de provincias, y su jefe, el director de ese diario venido a menos. Ambos tratan de capear el temporal y mientras tanto, desde la maltrecha redacción, nos cuentan cómo es el mundo a la deriva que ven a su alrededor”.

El prólogo, escrito por Fernando González, “Gonzo”, ya nos da una pista de lo que esconden esas páginas: VERDAD. VOCACIÓN. IRONÍA. TRABAJO.

Lenguaje ligero, divertido y algo “pasota”, Barreiro nos introduce en el mundo de la PASIÓN por informar, por dar voz a quienes no la tienen. En definitiva, desde la ironía y la acidez; su afilada escritura apela al periodismo auténtico, que se ve reflejado en referencias “fetiches” del propio autor: “Primera Plana” (“The Front Page”,Billy Wilder, 1974) o “Todos los hombres del presidente” (“All the President’s Men”, Alan J. Pakula, 1976).

Muy recomendable para el ciudadano de a pie que no conoce los “entresijos” de una redacción, eso sí, con humor y crítica, mucha crítica: al poder, a los grupos de comunicación, al sistema. Y para los que somos periodistas, una vuelta al pasado. A nuestros comienzos, cuando creíamos que todo era posible. Yo aún lo creo. Aún lo siento. Porque #yotambiénsoyPeláez.

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