Caracolas

El aire me da en la cara, golpea tan fuerte que apenas puedo abrir los ojos. Mi cuerpo se desliza como una hoja a causa del fuerte viento pero nunca se dobla. No me rindo. Sigo caminando pese a la dificultad pero siento que cada vez me pesa más el cuerpo. Los ojos se me van cerrando. Estoy cansada.

Abro los ojos y me encuentro en mitad de un parque escribiendo, tomando notas, observando a la gente que pasa a mi lado. Mis dedos pierden el control y aumenta el ritmo de escritura. Por mi cabeza no paran de agolparse recuerdos, vivencias que indican que un tiempo pasado fue mejor. Personas, lugares, momentos que han pasado por mi vida de manera fugaz. Diapositivas vitales que me producen ternura e incluso una leve sonrisa de añoranza.

De repente, mi vista se clava en ti. Tu cara, tu pelo, el sonido de tu risa y tu mirada pícara te delatan. Vamos andando por la Gran Vía madrileña hablando de libros, de tu libreta secreta donde guardas una información tan valiosa que da miedo leerla. Nos reímos. Hacemos nuestra ruta de cafés y locales con cierto encanto mientras charlamos de nuestra vida. Mientras me cuentas algo que te ha venido a la mente de tu tierra tan bonita y de lo que te gusta hacer por las tierras del norte  te miro fijamente y a medida que vas hablando se te escapa una sonrisilla de las tuyas, de las que enamoran. De un golpe de viento despierto de mi letargo y te pienso, te sueño, te echo de menos. Mucho. Cada día más. Está claro que no te olvidaré nunca pues vienes a mi mente a menudo con cualquier detalle. Las lágrimas recorren mis mejillas sin cesar pero siempre me queda una sonrisa al recordar tan buenos momentos juntos. Los sueños son como son pero la realidad siempre fue mucho mejor para nosotros.

Ante tus ojos

Paseando por Madrid te cruzas con mucha gente. Personas y personajes. Personas que vienen y van, a cámara lenta, como si fuera una película experimental. Personas que miran, sueñan, buscan, rebuscan. Y los personajes, ¡qué os voy a contar! Los personajes son un atractivo más de la ciudad. De Madrid y de cualquier otra gran ciudad. Los personajes que habitan en la gran ciudad no tienen “biblia” (los compañeros guionistas lo entenderán). Viven en el presente permanentemente. Unos, artistas sin estrella, te muestran lo mejor de ellos mismos en El Retiro, la Plaza de Lavapiés o en la misma Puerta del Sol. No sabes nada de sus vidas, ellos de la tuya tampoco. ¿O sí?

Hace un tiempo, cerca de la Plaza de Oriente en Madrid, mientras escribía situaciones e hilaba personajes, alguien se acercó a mí (pensaba que era un turista para preguntarme una calle o la ubicación de algún lugar) y empieza, no solo a contarme parte de su vida (casualmente decía ser un actor sin suerte) sino que comenzó a relatarme parte de mi vida profesional. Y a cuadros me quedé, claro. No voy a dar detalles de la conversación pero solo puedo decir que aluciné. No soy una profesional relevante, ni mucho menos, pero hago lo que puedo y procuro no estar sin hacer nada aunque pase malas épocas profesionales, de ahí mi sorpresa ante tal seguimiento como si yo fuera una “influencer”.

Existen otros personajes impregnados en el paisaje que hacen de las ciudades unos lugares cálidos, con carácter e identidad propia. Sienten y se expresan con lo que tienen a su alcance: desde su propio “atrezzo” hasta el mobiliario urbano que hacen suyo por un momento. Todos y todas con historias detrás. Límites, sentimientos, momentos, instantes. La “mochila vital” les pesa pero siempre la comparten con todos nosotros. Gracias a todos y todas los que enriquecen las ciudades con su talento para sacarnos una sonrisa, hacernos pensar o simplemente pasar un buen rato. Y todo esto esto ocurre en la calle. En tu barrio, en la zona donde sales con tus amigos o al lado del trabajo. La calle, siempre fue la verdadera universidad, como muchos y muchas predican.

 

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Panorámica de la Plaza de Oriente en Madrid (España)

Fuente: http://www.madridsensations.com

Letra pequeña

Durante estos meses he estado haciendo muchas cosas. He conocido gente nueva, otras personas, por razones que aún desconozco, han decidido desaparecer y evaporarse de mi vida, quizás era el destino. Nunca lo sabré.

Además he visto mucho teatro, cine, arte. He aprendido de tanta gente… También he aprendido de mí misma, una vez más. He aprendido a identificar a las personas que merecen la pena, las situaciones, los momentos… la vida hay que exprimirla pero con ganas. Es en este punto donde me encuentro ahora. Leyendo la letra pequeña del contrato de lo que significa vivir. Vivir es, es, es… pues no sé. Aún me queda el resto de mi vida para comprobarlo.

De entre todas las cosas que me dan la vida, una de ellas es la lectura y la escritura. Este año se cumplen ochenta años del vil asesinato de uno de nuestros poetas más carismáticos: Federico García Lorca. Él sí sabía muy bien en que consistía la letra pequeña.  Para no dejar de olvidarle, a continuación reproduzco uno de los muchos poemas que me gustan de Federico. ¡Disfrutadlo! ¡Nos volvemos a leer muy pronto!

 

ROMANCE DE LA LUNA

a Conchita García Lorca

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.
Federico García Lorca, 1928

 

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El vuelo de la mariposa

Las personas que tendemos a ilusionamos por todo pero luego todo nos sale mal somos unas petardas. Sí, lo confieso. Soy una petarda. Una petarda que ríe por casi todo, llora en solitario o con exquisitos cómplices a los que les debo mucho. Ellas/os saben quienes son. Unos, aunque los vea poco, están muy presentes, pues el contacto es casi permanente, así que no tengo queja. Otros ya no están en este mundo, pero mediante el deslizar de mis palabras en mis cuadernos privados aún les siento conmigo. Como el delicado y ligero vuelo de una mariposa: palabras sigilosas, bellas, suaves, palabras que rompen o brillan.

Debo decir a mi favor que me declaro petarda pero no soy una “loca del coño”. Que tenéis los conceptos muy confundidos queridos y queridas. Sí, vosotros. Que os creéis mejor que nadie porque no exteriorizáis vuestros sentimientos y os dedicáis a engañaros a vosotros mismos con que todo es “happy” y “supermegaguay” con vuestras publicaciones en redes sociales o vuestras “historietas” que no se las cree ni la madre que os parió. ¡Frivolidades a mí!!! ¡Ja! Pues no. La vida tiene sus cosas calificadas aproximadamente así: buenas, muy buenas, fantásticas, una mierda, una puta mierda o un infierno.

Como un gusano a punto de deshacerse de su capullo para dar paso a la mariposa que florece. Como el vuelo de una mariposa. Las personas petardas también disfrutamos de las cosas más sencillas y valoramos cosas que no todos/as sois capaces de ver, obtusos y obtusas “of my heart”.

Como si de un videojuego se tratara, las piezas caen, las saltas, o se destruyen (Por cierto Felicidades Super Mario! Qué buenos ratos de niños!). Pues esa es la vida de una petarda. Obstáculos, gente tóxica y con mucho morro, dolor y risas. Como la de todo el mundo, vamos. Pero también somos muy nuestros, así que no nos pasemos tampoco; que a veces estamos para que nos den de comer a parte.

Pero pecamos de ingenuos, sensibles y darlo todo con otros especímenes humanos que no lo merecen. Y… hostia va, hostia viene. Y aquí seguimos.  Siempre en lucha, siempre en guardia. Siempre atentos petardas y petardos del mundo, como el vuelo de la mariposa de mi ventana.

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Foto: http://www.ecoosfera.com

Los artistas multidisciplinares

Cierro los ojos. Los abro empujada por un fuerte oleaje. No es el oleaje, son tus ojos. Azul cielo, azul talento. Guionista perfeccionista, tímido (en esos aspectos somos muy parecidos) y muy divertido, no solo crea historias. Da vida. Y encima es adorable; hasta cuando quien escriba, atea de convencimiento se vuelva beata hasta las trancas por “exigencias del guión”. “Carmen” nunca te olvidará, ni yo tampoco.

Mientras escribo estas líneas oigo mucho ruido, rock duro, Tarantino, guitarras… Son mi amigo el gran galán, con esas botas de cowboy que le aumentan atractivo (más si cabe!!) pero no le restan ni un ápice de talento, que se lo digan a “los diseñadores” de una empresa de muebles. Atento, confidente, servicial y excelente anfitrión (éstas características totalmente aplicables a la dueña de su corazón, colega de profesión y excelente persona). Junto a él, la mente que nunca descansa. Y es que su ingenio y su buen corazón, le hacen ser, además de creativo y divertido un compañero de lujo. Anima, hace reír y encima cuenta “gossips”. Solo este tipo de personas pueden hacer TODO, ABSOLUTAMENTE TODO, LO QUE SE PROPONGAN. Solo espero estar en su vida para verlo y constatar mis premisas.

De repente el viento trae a alguien que vuela… Bueno no es alguien, es algo. Un tupé. Rubio, de ojos claros, de carácter relajado, aunque a veces parece que salga de una montaña rusa de emociones. Compañero de gran ingenio que siempre supo quitar importancia al caos, que hizo que unas hermanas salidas de una peli ochentera de Almodóvar se quisieran y se odiaran. Siempre pendiente (de sus sentimientos reales y de sus sentimientos en la ficción) de quien escribe, perdida como un “elefante en una cacharrería” en este mundo de los actores y toda esa gente de la que ya no soy fan. Sino de la que siento un profundo respeto por todo lo que hacen.

Alguien abre la puerta. Es el amor de mi vida. Aparece en la estancia con su sexy barba y unas gafas, está más guapo sin ellas, pero ahí no entro. Un abrazo suyo reconforta más que años de “Terapia”. Aunque hubiera sido el psicólogo de mis fantasías de guionista. Dispuesto a todo. Nada le para. Pedazo de hombre. Pedazo de buena persona.

Sin venir a cuento, sale de una estancia que no reconozco otro hombre. Alto, “diseñador de muebles” y “fanático de la Wii”. Es simpático, aunque con un hermano suyo tenga mucha violencia contenida. Me sonríe y me da consejos en otra de mis profesiones: la producción audiovisual. Un buen apoyo con sus aportes. Aún no sé si son aportes calóricos, (por mi parte, claro) él está estupendo.

Por fin llego a mi habitación y me encuentro, entre todas mis freakadas, a “mi chica cobrizo”. Se me agotaron los halagos como persona el día que me hizo recordar mi amada profesión: el periodismo. Aquella mañana de julio me ayudó a descubrir a una persona, un corazón. Una actriz. Una profesional. Sus consejos, junto al hombre de mi vida, me ayudaron a seguir adelante y no abandonar una gran aventura a la primera de cambio. La mejor “artista conceptual medicada” que podría haber en cualquier “Terapia” a la que yo misma hubiese asistido. Simplemente es “lo puto más”.

A su lado, de un lado a otro, y observando todo, como si fuera de Hacienda, solo podía ver unos ojos. Verdes y felinos. Me pregunta por todos mis programas teatrales y mis fotos privadas con grandes de la escena. Ella sueña con subirse al Teatro romano de Mérida. Y lo consigue. Me canta canciones de “la Houston” y de Serrat, una que me revuelve todo, pues fue la favorita de mis padres. Llegará muy lejos. Se va en pleno despegue pero despidiéndose con una sonrisa.

De repente empiezan a entrar dos chicas. Andaluzas y risueñas. COMPAÑERAS y MAESTRAS. En el “acting” y en la vida. Una es un poco “chica”, la otra habla muy rápido y me suena tanto su cara… como si fuera de mi familia. Las dos muy enérgicas, parece que se han escapado de “Jo tía, no te saltes el eje” (Kike Narcea, 2006) pero personas especiales e imaginativas.

No para de entrar gente a mi habitación, y eso que no es tan grande. Así que salgo al pasillo a respirar. Unas palabras en gallego me hacen sonreír. Es “mi pequeña gallega”, preparando un papel. Cariñosa, muy exigente (me atrevería a decir que más que yo) y soñadora. Por favor! No seas como yo y no sufras tanto! Disfruta de lo que más amas y de tu talento. Sigue siendo tú.

Ya llego al final de mi camino, me siento en el sofá del salón. Dos mujeres hablando entre ellas. De “el para qué” y otras cosas que resuenan en mi cabeza. Una de ellas pelirroja y con un acento cordobés inconfundible. la reconozco: es la “Mari”, mi hermana. Bautizada desde ésta bitácora como una fuerza de la naturaleza, es enérgica y muy divertida. No pierde la sonrisa ni haciendo pilates. No sé porqué no cree en ella misma. Es buena en su trabajo y está muy preparada. Odia a una tal Bárbara que no sé quien es… Pero espero que cuando hablen se le pase y cree su propio “Intérprete” como mi admirado Asier Etxeandía. La otra mujer, menuda de cuerpo pero de sonrisa y abrazos sin fin, me recuerda a alguien. Alguien a quien respeto profesionalmente desde 2003 y personalmente desde que la vida nos cruzó. Poco tengo que decir, pues me conoce y es lo de siempre, parafraseando a su ídolo David Mamet: “Menos es más”.

Ya me voy que sino, a ver quien ordena a tanta gente… en la cocina, un pequeño gran profesional del audiovisual juega al cubo de Rubik mientras me habla de la historial mundial del cine.

GRACIAS A TODOS “DISCIPLINEROS”.

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Con cada adiós

Tras el éxito transformado en masivas visitas a su anterior texto “Ahora”, vuelve  una pequeña segunda parte pero que dice mucho. Contenido que personalmente suscribo. Palabra por palabra. Gracias amigo! ; )

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma. Y uno aprende que el amor no significa recostarse y una compañía no significa seguridad. Y uno empieza a aprender que los besos no son contratos y los regalos no son promesas. Y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos. Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para hacer planes… y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema. Así es que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende… y con cada adiós uno aprende.
Texto: P. C.

LA VIDA ES COMO UN TRAJE

La vida es como un traje. Cuando nacemos nos lo empiezan a cortar. Después, poco a poco, lo van hilvanando y cosiendo a máquina. Y se quedan, incluso, contentos del trabajo. Hasta que, un buen día, lo empezamos a observar y vemos las miles de chapuzas que tiene: los botones no encajan…la cremallera se atasca…Pocas costuras están, realmente, a nuestro gusto.
Algunos deciden que, a pesar de todo, se lo van a poner, pues, al fin y al cabo, han visto también en los demás trajes muy parecidos.
Otros, con gran laboriosidad, empezarán observando los detalles más ostentosos, y sólo arreglarán lo que crean que los demás se fijarán a primera vista.
Algunos andarán buscando una máquina mejor que les solucione rápidamente el traje.
Y, los más arriesgados, irán lentamente soltando el traje, desechando la máquina y empezando desde cero. Cogerán ellos mismos aguja e hilo y, poco a poco, irán soltando y cosiendo al mismo tiempo. Ya no desearán el traje perfecto, pero harán, sin pretenderlo, el traje a su auténtica medida, hecho en exclusiva, y a su pleno gusto.
La vida es como un traje: algunos se lo hacen a medida y, a otros, se lo dan hecho

Texto: P.C.

¡AHORA!

Hoy especialmente quiero publicar un texto de un buen amigo, confidente…y sobre todo, una persona excepcional!

“Quiero pensar que el día a día enseña siempre grandes lecciones. Me niego a esperar a ser viejo para adquirir la sabiduría y experiencia necesarias para vivir mejor. Prefiero aprovechar cada minuto de hoy porque, aunque no lo creas, hasta un insignificante segundo, proporciona al hombre sabiduría y experiencia.

Ahora mismo, en este preciso instante, uno puede aprender que existe una gran diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma. Que el amor no significa estar al lado de alguien por el mero hecho de estar; y que una compañía no  significa seguridad.
Ahora mismo, en este preciso instante, uno puede darse cuenta que los besos no son contratos y los regalos no son promesas.
El día de hoy te puede enseñar a aceptar tus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos.
 Te puede enseñar a construir tu vida en el presente, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para hacer planes…Y el futuro tiene fama de caerse a la mitad.
Hoy puedes aprender que todo, en exceso, es imprudente; porque hasta un leve rayo del sol, en demasía, te puede quemar.
Y uno debería plantar su propio jardín y decorar su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
Uno puede aprender, día a día, que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende… El día a día, nos va regalando sabias lecciones para aprender más de esta vida loca.
Así que, ¿por qué esperar al final del viaje para entender que es HOY cuando hay que aprender? ¿Por qué esperar a que sea demasiado tarde para intentar rectificar? ¿Por qué no lo hacemos ahora?
Es HOY, y sólo HOY, cuando uno debería intentar entender que la vida se resume en un sólo instante; y, ese instante, se llama AHORA”
Autor: Pablo Cid