Hubo un Imperio…

Muchos esperábamos con ganas la ansiada (inmediato y estratégico estreno por parte de TVE) llegada de “Carlos Rey Emperador” a la Corte de Castilla y a todos nuestro hogares.

El piloto tiene muchos peros y algún acierto. Audiovisualmente es un producto sin pegas, de factura impecable con el sello inconfundible de Diagonal y otras producciones que le preceden a ésta. Una fotografía poblada de luces y sombras como la época de la que se ocupa la narración del protagonista. Sin renunciar, al igual que en vestuario, peluquería y maquillaje, a la mayor época de todos los tiempos: El Renacimiento.

Lo mejor, junto a algunos integrantes del extensísimo reparto que la conforman, la música. De nuevo Jusid da en la diana. Por sus notas destilan traiciones, batallas, dolor, muerte o amor. Sobresaliente y soberbia.

El guión, de José Luis Martín, está lleno de licencias dramáticas, aunque “se perdonen” producen cierta incredulidad. Se muestra una especie de Juego de Tronos “a la ibérica” que descoloca muchas veces al telespectador. Otra de las incongruencias de esta ficción es la historia de Hernán Cortés, sobra. Aunque paralelamente se desarrolle en la misma época, hace que el espectador pierda el hilo de la historia (y todas sus subtramas) que pretende contar, la historia de un hombre que heredó un Imperio. Una verdadera pena para el actor que lo interpreta, José Luis García Pérez, actor de raza que merece, como Hernán Cortes, una serie propia.

En cuanto al resto del casting, plagado de secundarios de lujo como el inquietante Eusebio Poncela, los soberbios Helio Pedregal o Francesc Orella, junto al siempre acertado Israel Elejalde; destacan de manera muy grata para quien escribe Alfonso Bassave y emociona ver a una espléndida Nathalie Poza y la siempre brillante Susi Sánchez. El protagonista, Álvaro Cervantes, al menos en lo que al primer capítulo respecta, está correcto.

Lógicamente no pretende ser una sucesión de “Isabel”, y menos mal. Porque queda muy muy alejada de lo que fue ese hito televisivo. Es otra cosa. Aún quedan varios episodios y muchísimos secundarios espectaculares de esta serie transmedia que se apunta al carro de las nuevas tecnologías y el marketing como ya hicieron en su día otras producciones de la cadena.  Confiamos en que en capítulos sucesivos vaya a más, al menos le damos un voto de confianza.

FICHA TÉCNICA

Director: Oriol Ferrer, Salvador García Ruiz, Jorge Torregrossa
Guión: José Luis Martín
Música: Federico Jusid
Fotografía: David Azcano

FICHA ARTÍSTICA

Álvaro Cervantes, Blanca Suárez, Alberto San Juan, Alfonso Bassave, Susi Sánchez, Nathalie Poza, Israel Elejalde, Helio Pedregal, Francesc Orella, José Luis García Pérez, Laia Marull, Alicia Borrachero, Víctor Clavijo, Àlex Brendemühl, entre otros.

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Algunos de los protagonistas de la serie “Carlos Rey Emperador” en la presentación en el FestiVal

Foto: laguiatv.abc.es

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Los artistas multidisciplinares

Cierro los ojos. Los abro empujada por un fuerte oleaje. No es el oleaje, son tus ojos. Azul cielo, azul talento. Guionista perfeccionista, tímido (en esos aspectos somos muy parecidos) y muy divertido, no solo crea historias. Da vida. Y encima es adorable; hasta cuando quien escriba, atea de convencimiento se vuelva beata hasta las trancas por “exigencias del guión”. “Carmen” nunca te olvidará, ni yo tampoco.

Mientras escribo estas líneas oigo mucho ruido, rock duro, Tarantino, guitarras… Son mi amigo el gran galán, con esas botas de cowboy que le aumentan atractivo (más si cabe!!) pero no le restan ni un ápice de talento, que se lo digan a “los diseñadores” de una empresa de muebles. Atento, confidente, servicial y excelente anfitrión (éstas características totalmente aplicables a la dueña de su corazón, colega de profesión y excelente persona). Junto a él, la mente que nunca descansa. Y es que su ingenio y su buen corazón, le hacen ser, además de creativo y divertido un compañero de lujo. Anima, hace reír y encima cuenta “gossips”. Solo este tipo de personas pueden hacer TODO, ABSOLUTAMENTE TODO, LO QUE SE PROPONGAN. Solo espero estar en su vida para verlo y constatar mis premisas.

De repente el viento trae a alguien que vuela… Bueno no es alguien, es algo. Un tupé. Rubio, de ojos claros, de carácter relajado, aunque a veces parece que salga de una montaña rusa de emociones. Compañero de gran ingenio que siempre supo quitar importancia al caos, que hizo que unas hermanas salidas de una peli ochentera de Almodóvar se quisieran y se odiaran. Siempre pendiente (de sus sentimientos reales y de sus sentimientos en la ficción) de quien escribe, perdida como un “elefante en una cacharrería” en este mundo de los actores y toda esa gente de la que ya no soy fan. Sino de la que siento un profundo respeto por todo lo que hacen.

Alguien abre la puerta. Es el amor de mi vida. Aparece en la estancia con su sexy barba y unas gafas, está más guapo sin ellas, pero ahí no entro. Un abrazo suyo reconforta más que años de “Terapia”. Aunque hubiera sido el psicólogo de mis fantasías de guionista. Dispuesto a todo. Nada le para. Pedazo de hombre. Pedazo de buena persona.

Sin venir a cuento, sale de una estancia que no reconozco otro hombre. Alto, “diseñador de muebles” y “fanático de la Wii”. Es simpático, aunque con un hermano suyo tenga mucha violencia contenida. Me sonríe y me da consejos en otra de mis profesiones: la producción audiovisual. Un buen apoyo con sus aportes. Aún no sé si son aportes calóricos, (por mi parte, claro) él está estupendo.

Por fin llego a mi habitación y me encuentro, entre todas mis freakadas, a “mi chica cobrizo”. Se me agotaron los halagos como persona el día que me hizo recordar mi amada profesión: el periodismo. Aquella mañana de julio me ayudó a descubrir a una persona, un corazón. Una actriz. Una profesional. Sus consejos, junto al hombre de mi vida, me ayudaron a seguir adelante y no abandonar una gran aventura a la primera de cambio. La mejor “artista conceptual medicada” que podría haber en cualquier “Terapia” a la que yo misma hubiese asistido. Simplemente es “lo puto más”.

A su lado, de un lado a otro, y observando todo, como si fuera de Hacienda, solo podía ver unos ojos. Verdes y felinos. Me pregunta por todos mis programas teatrales y mis fotos privadas con grandes de la escena. Ella sueña con subirse al Teatro romano de Mérida. Y lo consigue. Me canta canciones de “la Houston” y de Serrat, una que me revuelve todo, pues fue la favorita de mis padres. Llegará muy lejos. Se va en pleno despegue pero despidiéndose con una sonrisa.

De repente empiezan a entrar dos chicas. Andaluzas y risueñas. COMPAÑERAS y MAESTRAS. En el “acting” y en la vida. Una es un poco “chica”, la otra habla muy rápido y me suena tanto su cara… como si fuera de mi familia. Las dos muy enérgicas, parece que se han escapado de “Jo tía, no te saltes el eje” (Kike Narcea, 2006) pero personas especiales e imaginativas.

No para de entrar gente a mi habitación, y eso que no es tan grande. Así que salgo al pasillo a respirar. Unas palabras en gallego me hacen sonreír. Es “mi pequeña gallega”, preparando un papel. Cariñosa, muy exigente (me atrevería a decir que más que yo) y soñadora. Por favor! No seas como yo y no sufras tanto! Disfruta de lo que más amas y de tu talento. Sigue siendo tú.

Ya llego al final de mi camino, me siento en el sofá del salón. Dos mujeres hablando entre ellas. De “el para qué” y otras cosas que resuenan en mi cabeza. Una de ellas pelirroja y con un acento cordobés inconfundible. la reconozco: es la “Mari”, mi hermana. Bautizada desde ésta bitácora como una fuerza de la naturaleza, es enérgica y muy divertida. No pierde la sonrisa ni haciendo pilates. No sé porqué no cree en ella misma. Es buena en su trabajo y está muy preparada. Odia a una tal Bárbara que no sé quien es… Pero espero que cuando hablen se le pase y cree su propio “Intérprete” como mi admirado Asier Etxeandía. La otra mujer, menuda de cuerpo pero de sonrisa y abrazos sin fin, me recuerda a alguien. Alguien a quien respeto profesionalmente desde 2003 y personalmente desde que la vida nos cruzó. Poco tengo que decir, pues me conoce y es lo de siempre, parafraseando a su ídolo David Mamet: “Menos es más”.

Ya me voy que sino, a ver quien ordena a tanta gente… en la cocina, un pequeño gran profesional del audiovisual juega al cubo de Rubik mientras me habla de la historial mundial del cine.

GRACIAS A TODOS “DISCIPLINEROS”.

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Silvia Vacas: “El arte es una herramienta indispensable para el ser humano”

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Silvia Vacas (Madrid) es una mujer decidida, sencilla, divertida… y con mucho que decir y enseñar.
Desde que a los cinco años “ya estaba metida en esto” [la actuación]. Como ella misma explica “hay que lucharlo y que conseguirlo se convierta en una opción”. Con esta pasión habla de sus comienzos, de sus estudios de arte dramático en la ESAD de Málaga y de su firme decisión de ser actriz, que “no fue una decisión consciente. No me he planteado otra cosa. Ni siquiera he tenido ese momento de decidir”.

Vacas cuenta en su extensa formación con un taller sobre el teatro del siglo de oro impartido por un gran conocedor del mismo, Ernesto Caballero, etapa de trabajo que recuerda con mucho cariño. Influenciada por el verso que aprendió mientras estudiaba la licenciatura de Arte Dramático, califica el mismo como “musicalidad, matemáticas, ritmo que dan los autores clásicos”. Le entusiasman las versiones contemporáneas de los clásicos y le apetece interpretar algún personaje. Al ser preguntada por el texto que le gustaría interpretar y donde; lo tiene muy claro: “Finea, una de las protagonistas femeninas de “La Dama Boba” de Lope de Vega y de la mano de un buen director y de un buen grupo”. Sin duda lo haría en Consuegra (Toledo), donde creció, pues ha pasado gran parte de su vida allí aún habiendo nacido en Madrid, “En mi tierra me siento muy querida. Me animan constantemente. Tiene [Consuegra] un teatro muy lindo. Allí tengo mucha gente querida que no tiene facilidades para desplazarse”. Además confiesa otro de sus papeles soñados: Rosalinda en “Cómo gustéis” de Shakespeare. Le apasionan el amor y la búsqueda de la identidad: “el amor mueve el mundo. Cuando abrazas la vida con el teatro… es magia; la manera educativa de lo que amas, la inteligencia emocional. Eso es el teatro”.

Actriz de raza, curtida en cine, teatro, publicidad, entre otros, se queda indudablemente con el teatro. Destaca “Sonias”. (Dir. Carlos Rico. Teatro Cervantes Málaga. 2008): “Me apasiona el trabajo de Carlos Rico. Trabajar, crear. Tenía muy claro lo que quería, confiaba mucho en los actores. Fue una oportunidad de trabajar, de formar parte de una “parafamilia”. Fue un viaje espectacular, una creación de personaje. Como un parto. De las experiencias más enriquecedoras, con 19 años en 2º de carrera. Fue un viaje donde puedes crear muchas memorias. Nos dedicamos a almacenar memorias y a abrir cajones”. Al ser uno de sus primeros trabajos profesionales le causaba mucho vértigo “tuve la sensación de querer hacer esto y nada más”. El teatro de calle ayuda mucho. Sin código; es un buen sitio para empezar”.

La actriz, con amplia experiencia en cine de terror y de comedia (“La presencia” o “La sangre de Wendy”), se siente cómoda en “sitios donde puedas explorar. Mucho drama”. Pero, en contra de lo que pueda parecer, la comedia es uno de sus refugios interpretativos: “me siento muy muy cómoda y me parece necesario para la salud. La comedia es medicina para el cuerpo, Bien hecho te toca. Te sientes implicado también como espectador. El drama es una zona de confort. La comedia es cómo te planteas la vida, el sentido del humor es una tabla de salvamento”.
Además de la comedia, Vacas muestra interés por los géneros de aventuras, acción o policiaco. Considera que es un buen momento para apostar por ellos. Le llaman mucho la atención este tipo de personajes y por ello confirma que “haría de policía. Tengo la sensación de que algo se está gestando. Un personaje bonito”. En relación a dicho género, sale en la conversación uno de los éxitos del pasado año “La Isla Mínima” (2014, Alberto Rodriguez): “Me encanta este director. Tiene muy claro lo que quiere contar. Ojalá nos crucemos en el camino y hagamos trabajos bonitos”.

Al margen de su trabajo como actriz, y dada la seguridad que transmite, me atrevo a preguntarle si se atrevería con otras disciplinas que van unidas al oficio, como el de directora. Con respeto y humildad responde que sí pero “respeto mucho esa parcela, Tuve la sensación de contar algo como creadora”. Como todos en nuestros comienzos en el oficio de la escritura se enfrentó a la temida hoja en blanco. “Es algo que quiero hacer. Me estoy preparando. Me apetece mucho contar historias. Es necesario que como actriz tengo ganas de contar (ya sea escribiendo, dirigiendo). “Jugar… y que no se nos olvide”.

Por último, Silvia Vacas se moja. Las industrias culturales (especialmente el teatro y el cine) están muy dañadas. La situación es asfixiante para los profesionales del sector. Relata su opinión acerca de la situación y si se ha llegado al límite de la misma: “La circunstancia la estamos viviendo en todos los sectores. La subida del IVA es uno de los problemas. Recuerdo en un teatro, que por megafonía antes de la función, hacían un llamamiento a que la gente despertara. Me puse a llorar, los pelos de punta. No podemos permitir esto. ¡Qué no nos roben la libertad! Sin libertad no tiene ningún sentido. Esta situación hay que cambiarla y ninguno desea cosas imposibles en otra circunstancia. Nosotros queremos “hacer”. Tenemos la necesidad de desarrollarnos. Esto empieza en las aulas. Si el cine cuesta 10€ nadie va a ir al cine. El cine es una ventanilla al mundo para poder aprender. Esto tiene que cambiar. El límite es muy personal”. “Hay que negarse [a la situación actual]. El arte es una herramienta indispensable para el ser humano. Nunca para limitarte. La sociedad lo necesita. No hay que conformarse con lo que está pasando”. Una vez metida en un debate abierto, Vacas aboga por unos precios accesibles y pone de ejemplo las políticas de cultura europeas como Francia. Aunque lo más importante es que no se resigna al cambio del momento que vivimos: “Vamos a intentar llevar a la sociedad unos valores que en épocas de crisis se tambalean”. Propone: “una actitud activa para cambiar las cosas que no nos gustan”.

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Fotos: Sergio Lardiez

Más información: http://www.silviavacas.com

Amores Minúsculos: historias de amor instantáneas

“Amores Minúsculos” es la historia de Jaime, un aspirante a novelista que vive esperando a que le pase algo. Un algo que llegará en forma de Eva, una de esas chicas especiales que sólo se encuentran una vez en la vida y de las que nunca sabes si desaparecerán con la misma facilidad con la que aparecieron. Pero también es la historia de Nacho, quien se pasa las tardes dibujando en una plaza a los que caminan por ahí; especialmente a David, un chico por el que se siente atraído aunque no sepa nada de él. Y también es la historia de Laura, una contable que tiene una cita con Carlos -un cantante/actor/DJ- y va a descubrir si hay algo debajo de ese montón de nada. Una relación en la que nunca quedará claro quién es el seductor y quién el seducido.

“Amores Minúsculos” es eso y más. Historias de amor que se viven en un instante, en un momento concreto. La obra, basada en el cómic original de Alfonso Casas, nos muestra un mapa de situaciones y personajes en ocasiones planos y sin ritmo. El tema, usado en exceso en el ámbito teatral, cae aquí como una losa. Tópicos típicos que, comprobado está, siguen gustando al público. Y es lo importante. Entretenimiento sin mayor pretensión. Sin embargo, algunos de sus actores más conocidos como Guillermo Barrientos, Pablo Castañón o Mariona Tena salen bien parados ante tal tesitura. Cabe destacar en el apartado de interpretación la actuación de Rebeca Plaza como “Laura”. Todo un descubrimiento de frescura y saber hacer en las tablas. Auguro un futuro pleno en el teatro y lo que se proponga.
La producción, llevada a cabo por “Los Zurdos”, es sencilla pero efectiva. Una de las bazas, sin duda, del más que evidente éxito de esta adaptación teatral. Escenario “casi” vacío con apenas un palé con ruedas y diferentes figuras geométricas de piel sintética, hace las veces de escenografía multifuncional.

En definitiva, “Amores Minúsculos”, es una obra que se puede ver en pareja o con amigos con el único propósito de hacer pasar un rato entretenido. Al fin y al cabo la vida también tiene sus particulares “Amores Minúsculos”. Pasen y vean.

FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA:

Autor: Alfonso Casas
Dirección y adaptación: Iñaki Nieto
Fotografía: Mood Studio
Escenografía: BATAVIA, Elvira Ruiz, Jesús Donaire
Producción ejecutiva: Diego Rebollo
Dirección de arte: Edu Dïaz
Música: Juan Hernando
Diseño e iluminación: Javier Hernández
Vestuario: El Armario de la Tele, Edu Díaz, Andrea Navarro
Asistente de dirección: Ana Sanz
Coreografía: Alejandro Murciano
Maquillaje y Peluquería: Colunga, Cortacabezas

Reparto: Elena Alférez, Celia Arias, José Asunción, Guillermo Barrientos, Pablo Castañón, Álvaro Cea, Héctor González, Miriam Juanes, Javier Martínez, Álvaro Puertas, Ramón San Román, Mariona Tena

Una producción de loszurdos (Edu Díaz, Iñaki Nieto, Diego Rebollo)

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FOTO: http://www.teatrolara.com

Víctor Clavijo: “Para mí el teatro es el terreno de la magia y la catarsis”.

Víctor Clavijo (Algeciras, Cádiz, 1973) es el actor del momento. Gracias a su interpretación de Lope de Vega en la alabada serie de televisión “El Ministerio del Tiempo”, ha acercado la literatura del siglo de oro a los jóvenes y no tan jóvenes. Ahora conquista a los amantes del cine negro con su personaje en “SICARIVS:La noche y el silencio”. Hacemos un repaso a su carrera y entre risas, a alguna anécdota.

1. Eres un profesional curtido en todos los ámbitos de la actuación, ¿Con cuál te quedarías: cine, televisión o teatro? ¿Por qué?

La verdad es que es difícil elegir. Cada uno me aporta una cosa distinta como actor y en los tres medios disfruto por igual. Siempre digo que para mí lo importante es la historia, luego el personaje y después quién dirige y quién me acompaña en el viaje a uno y otro lado del escenario o las cámaras. En cualquiera de los tres medios se pueden contar grandes historias y en cualquiera de los tres se pueden contar historias aburridas. El medio afecta a aspectos que tienen más que ver con la técnica con la que abordas un trabajo, aunque también hay grandes diferencias entre ellos que se convierten en grandes virtudes: el cine puede abarcar no solo lugares físicos a los que el teatro convencional no llega a priori, sino que permite (por ventajas técnicas como un primer plano) ahondar en terrenos del alma sin apenas palabras, comunicando mundos con una sola mirada.

Para mí el teatro es el terreno de la magia y la catarsis, no solo por lo que uno puede sentir en el escenario como actor, sino porque apelas a la imaginación del espectador;le invitas a hacer un ejercicio de credulidad y a viajar a un mundo claramente artificioso que por unas horas compramos como cierto, dejando que el espectador juegue a creer que “este circo de gallos puede contener los vastos campos de Francia” (tal y como dice El Coro al inicio del Enrique V de Shakespeare) y cuando se produce esa creencia compartida a uno y otro lado del escenario es cuando la comunión tiene lugar y llega la catarsis.

La televisión está a medio camino, técnicamente, entre un medio y otro: tiene las ventajas del audiovisual ( primer plano, contar con imágenes.. ) y la continuidad de acción del teatro cuando ruedas las secuencias de un tirón y a multicámara ( cada vez menos frecuente, por cierto ) , por lo que puedes tener arco en una escena y trabajar al mismo tiempo con la sutileza de los silencios y las miradas que te permiten un primer plano.

En definitiva, disfruto de las ventajas de cualquiera de los tres medios. Lo que marca la diferencia es si lo que cuentas es interesante o no lo es.

2. Abandonaste la carrera de Derecho en Granada y tomaste una huída hacia a delante en la capital preparándote para entrar a la RESAD, ¿Cuáles fueron tus mejores recuerdos allí? ¿Alguna anécdota que puedas hacer pública?

De Granada conservo muy gratos recuerdos. Fue una ciudad que me enamoró, a la que concedí un embrujo especial que me costó encontrar en Madrid. Era la primera vez que vivía lejos de la protección familiar y eso era excitante: compartir piso con desconocidos, poder llegar a las tantas, manejar tu ajustado presupuesto mensual, adquirir las responsabilidades que vienen de la mano de la independencia (física, que no económica. claro)… Me inventé una vida de intelectual imberbe que no se correspondía con la realidad, por supuesto, y que hoy me hace gracia recordar; me había leído 7 u 8 libros (algunos de Bukowski), escuchaba a cantautores y jugaba a escribir mi propia novela mientras fumaba como un carretero bajo la luz de un flexo por las noches. De Derecho no me interesaba absolutamente nada, así que el primer año de carrera me lo pasé revolucionando a los compañeros de piso con los que vivía, retándoles a hacer gamberradas y payasadas variadas, al tiempo que escribía por las noches la que algún día esperaba que fuese “una gran novela” (delirios de juventud); el segundo año de carrera mantuve esta dinámica y sumé la fotografía como vía de escape a una carrera que me parecía monótona y empezaba a odiar. Hasta que Bukowski me influyó una vez más, ahora que lo pienso (la primera vez que lo leí quise ser escritor de realismo sucio y emprendí el inicio de una novela): Juan Diego llegó a Granada con una función de teatro basada en textos de Bukowski (“No hay camino al paraíso, nena”) y cuando vi su soberbio trabajo en el escenario supe que quería pasar el resto de mis días haciendo aquello: actuar…

3. Fuiste conocido para el gran público gracias a la cantera de actores de “Al salir de clase”, pero ya habías hecho cosas antes. ¿Qué supuso para ti tanta fama y el “boom” de la serie?

Ya había estado en otras series antes de aquella. La primera serie en la que tuve un personaje con continuidad fue en “Menudo es mi padre”, unos años antes. Cuando me incorporé a “Al salir de clase” (hice varias pruebas al cabo de varios meses antes de ser elegido) la serie era ya bastante popular, aunque yo no era consciente de hasta qué punto. Cuando se emitieron los primeros capítulos en los que salía mi personaje pude comprobar el alcance de la popularidad que tenía la serie y me costó acostumbrarme al hecho de que la gente me mirase por la calle y conociese mi cara sin conocerles yo de nada; esto puede parecer una obviedad, pero es un fenómeno extraño cuando le ocurre a uno. Me costó meses acostumbrarme a esta nueva situación.

4. Tu último trabajo es SICARIVS : LA NOCHE Y EL SILENCIO (Javier Muñoz, 2015), donde bordas el papel de un sicario que vaga por la oscuridad nocturna de Madrid intentando vengarse de quien le contrató para matar a una mujer (cuyo trabajo el personaje no pudo llevar a cabo), ¿Qué supuso para ti este personaje?

Fue todo un reto, ya que podía ser un trabajo que incurriese en tópicos si no iba guiado por una buena dirección. Gracias a Dios Javier Muñoz, el director, fue marcando las pautas del tipo de sicario que quería y fuimos desechando los elementos que pudieran remitir a clichés. El nuestro debía ser un tipo normal, con un perfil bajo, que pudiera parecer el amable vecino, pero al mismo tiempo es el más letal de todos los sicarios y el más escurridizo. Empecé a investigar sobre sicarios y algunos policías nos asesoraron sobre sus modus operandi. Al cabo de un tiempo llegamos a la conclusión de que nuestro personaje había pertenecido seguramente al cuerpo de policía, ya que no solo tiene contactos dentro del cuerpo que le pasan armas e información, sino que conoce los procedimientos de investigación para no dejar pistas. Ví muchísimos videos sobre sicarios captados por cámaras de seguridad en el momento de la ejecución de un encargo, y muchos documentales en los que cuentan cómo actuaban; la mayor parte de las veces lo hacían bajo los efectos de las drogas para poder asesinar sin el azote de la culpa. Nosotros sabíamos que nuestro sicario tenía una templanza ejemplar y que ni siquiera bebía cuando ejecutaba un encargo. Alguien así, con esa frialdad para ejecutar sin preguntar, y sin remordimientos, solo podía ser un militar o un psicópata. Queríamos alejarnos del cliché del militar, así que decidí que nuestro sicario tenía una leve psicopatía, la suficiente como para no sentir empatía hacia sus víctimas y poder eliminarlas fríamente. A partir de entonces se me abrió una segunda vía de investigación: los psicokillers. Investigué mucho sobre el tema, y documentales como “The act of killing” me sirvieron de ayuda. Sin embargo, fue el descubrimiento de Richard Kuklinski, un psicokiller de los años 70 y 80, el que me dio la clave necesaria para entender a mi personaje. Se trataba de un piscópata que llevaba una carrera de asesino en serie con algunas decenas de muertos a sus espaldas cuando la mafia de Nueva York lo descubrió y decidió sacarle partido a su psicopatía contratándole como asesino y poniéndole en nómina. Richard Kuklinski hizo de su psicopatía su profesión. Esta fue la clave que necesité para entender y dar vida al personaje.

Encajar todas estas piezas fue un proceso muy interesante y un reto actoral, sin duda.

5. A raíz de este trabajo tan impecable vuelven a oírse campanas de premios para la próxima temporada, ¿Cómo te sientes ante las excelentes críticas recibidas?

Feliz, qué duda cabe. Cuando vi la película por primera vez supe que era un gran producto, diferente, arriesgado, quizá único en temática en nuestra filmografía y con una exquisita dirección, fotografía, montaje y música. La inmensa mayoría de las críticas han destacado muchísimos de estos aspectos y han alabado la película. La primera vez que la proyectamos con público recibió una gran ovación. Todo han sido alegrías en ese sentido y eso compensa el esfuerzo. Una película es como un niño que ha sido ideado por una sola persona pero en cuya gestación y parto han intervenido muchísimas más poniendo lo mejor de sí para que ese bebé salga hermoso y sano. ¿Y a quién no le gusta que le digan que su bebé es bonito?. Aún así hay una pequeña espinita que enturbia esa alegría, y es que la película la han visto menos personas de las que nos hubiese gustado.

6. Ahora estas inmerso en el rodaje de la serie “Carlos el Emperador” que genera mucha expectativa antes los seriéfilos y, sobre todo a tus fans. ¿Nos puedes contar algún secreto sobre la serie, acerca de tu papel, tu relación con el resto del reparto…?

Interpreto a Francisco de Borja, un noble que estuvo al servicio del Emperador ( con quien tenía parentesco ) y que estaba enamorado en secreto de la emperatriz Isabel de Portugal. A la muerte de ésta decidió dejarlo todo, renunciar a sus títulos y hacerse jesuita. Con el tiempo fue considerado un santo. Se trata de un personaje secundario y la serie solo cuenta la primera parte de la vida del personaje. Vuelvo a trabajar con Álvaro Cervantes ( con quien trabajé en “El corazón del océano” que rodamos en Colombia ) y con Félix Gómez ( con quien trabajé en “República” y “El año de la garrapata” ), a quienes adoro, y también con Marina Salas, con quien estuve en el “Fausto” de Pandur el pasado Otoño. Pero la serie tiene otros muchos nombres y un reparto espectacular: Blanca Suárez ( con quien trabajo por primera vez ), Israel Elejalde, Ramón Barea, Juanjo Puigcorvé, Jose Luis García Pérez, Daniel Pérez Prada, Helio Pedregal, Alfonso Bassave, Alberto San Juan , Susi Sánchez, Andrés Lima, Alex Brendemuhl, Laia Marull, Francesc Orellá, Roberto Álvarez, Eusebio Poncela,…y muchos más que me dejo. Algunos de los decorados son los mismos que salían en “Isabel” y son absolutamente espectaculares, así como la fotografía, los guiones, la dirección.. En fin, que es un lujazo formar parte de este equipo.

7. Como teatrera ya te echo de menos sobre las tablas, ¿para cuándo la vuelta?

Esperemos que en breve. Todo depende de si las fechas y otros proyectos me lo permiten.

8. Además de tu carrera como actor has convertido tu afición a la fotografía en una segunda profesión. La buena marcha de tus exposiciones y tu más que evidente talento para esta disciplina así lo avalan. ¿Qué significa para ti plasmar la realidad, los sentimientos, las “almas” según tus propias palabras, con un disparo de cámara?

La verdad es que no lo racionalizo. A veces es una pulsión meramente estética la que me lleva a hacer la foto ( una composición, unos colores, una textura, una luz… ) y en otras ocasiones es una escena o un personaje lo que me pide tomar la fotografía. Cuando contenido y forma se dan la mano, me entran ganas de llorar de la felicidad, pero eso me ha ocurrido muy pocas veces. Soy autodidacta, y en estos años he leído muchísimo sobre fotografía y he tomado cursos, pero no dejo de ser un amateur en todos los sentidos: en la falta de preparación académica y en el sentido más pasional de la palabra ( un amante de una disciplina ). Hay épocas en las que la fotografía consume la mayor parte de mi tiempo libre ( o haciéndola, o revelando, cuando hago foto analógica, o simplemente leyendo material didáctico ) y épocas en las que esa afición está un poco más enfriada. Últimamente no me encuentro demasiado inspirado con la cámara y, aunque salgo con ella a casi todas partes, apenas disparo. Creo que depende de un estado de ánimo, y el mío está focalizado en otro sitio últimamente, de modo que no salgo a “mirar” con tranquilidad, sino que soy víctima de la prisa y el estress, y de ese modo uno no puede hacer buenas fotos, ni tampoco se las encuentra. Sin embargo, las ocasiones en que estoy conectado con el ojo fotográfico y me tomo mi tempo para salir de caza, disfruto muchísimo esa sensación del corazón que se acelera cuando estás ante una buena foto y llegas a disparar justo a tiempo la cámara. Ese es otro de esos instantes en los que uno pierde la noción del tiempo y de uno mismo que tanto me gustan.

9. Para terminar me gustaría pedirte una reflexión sobre lo que supone para los trabajadores de la cultura el tan “sangrante” 21% de iva al cine y al teatro. Muchos profesionales se sienten obligados a marcharse del país porque se sienten ahogados por esta abusiva subida para llevar a cabo sus proyectos.

Poco se puede añadir a lo que ya se ha dicho sobre el tema. Es una subida injusta, desproporcionada, que parece que obedece a razones políticas, que está destruyendo el sector, obligando a cerrar empresas, dejando a gente en la calle…. Que el porno esté al 4% y la cultura al 21% indica que el primero se podría considerar un producto de primera necesidad ( con un IVA reducido ) y el segundo un producto de lujo. Es absurdo, pero claramente es una medida que esconde una intencionalidad punitiva a nuestro sector por guerras del pasado.

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FOTO: MOISÉS FERNÁNDEZ ACOSTA

El juicio del prejuicio

El ser humano, por naturaleza, es envidioso, racional (o debería) pero sobre todo le gusta prejuzgar.
Dos personajes aparentemente opuestos, unidos por un sueño ante un juez. Una refinada americana y un chico de barrio madrileño se enfrentan al interrogatorio de una jueza del registro civil para demostrar que su matrimonio no será por papeles.
Partiendo de la premisa de un aparente matrimonio de conveniencia, los personajes de “Prejuicio”, juegan al equívoco con el espectador.
Escrita y dirigida por Laura Madera, directora de la exitosa “39 Defaults”, decepciona un poco a quien escribe ya que el mencionado éxito se queda muy lejos de este nuevo trabajo.
El texto de “Prejuicio”, superficial en algunos momentos, cobra sentido y fuerza con la aparición de la jueza (interpretado por Úrsula Gutiérrez), que llena de verdad una situación frecuente en la sociedad actual en la que vivimos. La ya calificada desde esta bitácora como “fuerza de la naturaleza”, es un torbellino de emociones. El espectador ríe con ella y padece con ella los sinsabores de la profesión judicial. Personaje muy creíble que reitera lo que es capaz de hacer esta actriz cordobesa que arrasa por cada escenario y cada género por el que pasa. Dará que hablar; así que muy atentos.
Los personajes que interpretan a la pareja “prejuzgada” están encarnados por Pablo Castellano y Ainhoa Menéndez en la medida en que airean una posición plana. Cuesta ponerse en su lugar, aunque intentan defender el personaje como pueden.

En definitiva, un texto con la única pretensión de entretener al respetable. Se queda corto, quizás por las expectativas creadas. Le falta intención. Juzguen ustedes mismos.

PreJuicio Cartel

B&B o el mito vampírico

La cultura popular siempre ha estado al servicio de las leyendas. De los seres extraordinarios, de los mitos, de los monstruos, de los vampiros. Desde Bram Stoker hasta Anne Rice (obviamos aquí a Stephenie Meyer, creadora de la saga “Crepúsculo”; pues a juicio de quien escribe no merece estar en el podio de los grandes cronistas vampíricos).

Hoy es una noche muy especial para Anna. Ha preparado una fiesta para celebrar el cumpleaños de su hermano Víctor. Esta noche cumple 300 años. Así arranca B&B. Con esta premisa los actores, cuyo vínculo se confunde hasta ya avanzado el texto, nos lleva al mundo de estos hermanos. Hermanos, sí, pero con una tensión sexual que no esconden. A veces la sugieren, pero solo a veces. Siempre echando un pulso.

Los actores Álvaro Lafora y Úrsula Gutiérrez dan vida a Víctor y Anna. Pese a compartir nombre, nada tienen que ver con el conocido dúo musical. Pareja sensual, especialmente ella, una fuerza de la naturaleza hecha vampiresa. Él, para huir de lo fácil, cambia su registro de voz, comparable quizás a personajes catódicos de sobra conocidos que no vamos a comentar aquí. De temple serio y recto intenta llevar por el buen camino a su hermana, tarea del espectador es saber si lo conseguirá o no.

Actores bien compenetrados que se llevan el uno al otro. De la mano, sin titubear. Siempre bajo la batuta de Ainhoa Menéndez, autora del texto y directora del mismo.

Escenografía pobre que puede confundir al espectador con respecto a los anhelos y miedos de los personajes. Escenario nada opaco que deja salir todo ruido existente. Desde los pasos de los actores hasta el crujir de una mesa.

Producto considerable pero abierto a reformas. Es un buen germen de un futuro a grandes salas y un texto de mayor duración y con mayor contenido.

Ficha Artística:
Reparto: Álvaro Lafora y Úrsula Gutiérrez
Texto y dirección: Ainhoa Menéndez

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Álvaro Lafora es Víctor

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Úrsula Guitérrez es Anna

SICARIVS: La noche y el silencio

Cuando te das cuenta que viven como tú y como yo. Qué puede vivir en tu barrio, comprar en la panadería de la esquina…¡Mira a tu espalda! Siempre está ahí. Una voz grave, una mirada heladora, una sombra en la noche. Esa es una de las premisas de “Sicarivs:La noche y el Silencio” (Javier Muñoz, 2014).

La cinta, con una escasa distribución en salas, conquista a los espectadores que aplauden el thriller combinado con cine negro. Javier Muñoz, conocido por su faceta de guionista [“La semana que viene sin falta” (2006), “Atasco en la nacional” (2007)]; debuta como director, con guión propio, cuya historia atrapa desde la primera palabra pronunciada por su protagonista.

Sicarivs aparentemente es una película de género más. Pero ésta va más allá. Un sicario recibe el encargo de matar a una mujer. Pero lo que parece un trabajo más se acaba complicando cuando está a punto de ejecutarla y no lo hace. Este será el comienzo de una carreara contrarreloj para acabar con todos aquellos que le han contratado, pues en su profesión quien no cumple con su deber, está muerto. Uno tras otro va acabando con sus objetivos sin ningún tipo de piedad. Sólo al final de la película entendemos porqué no lo hizo.
“Sicarivs: la noche y el silencio” ahonda en la sociedad actual en la que vivimos. Dinero, poder, corrupción desde varios ámbitos profesionales: desde los políticos, hasta policías, abogados, periodistas… Una ciudadanía viciada que no se da cuenta de lo que ocurre a su alrededor. O no quiere verlo.

Víctor Clavijo borda este protagonista, frío, meticuloso y eficaz que hace cómplice al espectador de su manera de vivir. Es “el papel”. El actor algecirense nació para este personaje que le estuvo esperando en la mente de su creador. Con una mirada penetrante, una de sus grandes bazas, su voz, la tranquilidad con que ejecuta cada acción, la tensión que transmite cada segundo de metraje; hacen de este sicario una más que probable nominación al Goya 2016, además de otros premios de prestigio. Y sino, al tiempo.

Asimismo, le acompañan en esta noche de supervivencia un excelente desfile de secundarios, como Pedro Casablanc, Sebastián Haro, Israel Elejalde, Roger Pera, Chete Lera, Alejandra Lorente, Nahia Laiz, Carlos Olalla, Xisco Segura, Anibal Soto, Diego Villena, Fernando Gil o Montse Plá, entre otros.

Esta historia de género negro bebe de claras influencias del mejor Scorsese. La sugerente fotografía de Javier Cerdá, ayuda a ello. El diseño de producción es excelente. Muy cuidado, cocinado a fuego lento pero con estados verosímiles, y que, junto al vestuario de Angela Ortuño Ibañez y el maquillaje de Marta Arce Temple, convierten un ser despreciable (en apariencia) en una delicia estética y visual.

En conjunto, solo cabe una frase lapidaria que dice el protagonista: “solamente los listos sobreviven”. Javier Muñoz y todo su equipo lo saben.

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Cuando la comedia alcanza el esperpento

“Una Extraña Comedia” de Darío Paso-Jardiel es totalmente delirante. Surrealismo a chorros. Y es que el actor y director madrileño, tiene una varita mágica para el humor.

Partiendo de la premisa de dos humanos (1 y 2, según reza el programa de la obra), se desarrollan una serie de acontecimientos a cada cual más loco e inverosímil que el anterior pero que se resuelven con maestría de equipo. La vis cómica sutil de los actores protagonistas (Marta Eguilior y Tato Loché) conecta al instante con el espectador. Dos desconocidos, dos hermanos que nunca antes se habían visto, un asesinato y un pavo finés. No desvelo más porque imploro al espectador a que acuda a La Casa de la Portera, escenario que ayuda a integrarse en la historia hasta adentro.

Los actores simplemente están inmensos. Facilidad pasmosa con sus cambios de estado de ánimo. Como dice una compañera actriz, “desde dentro”. Oscuros, pero inteligentes. Divertidos pero con cierto patetismo. Brillantes. Asombrosa maestría de miradas, complicidad y control de movimientos. El texto, plagado de referencias literarias o cinematográficas donde reconocemos algunos de los gustos del autor y director; introduce al espectador en un mundo diferente, donde todo puede pasar. Todo parece imprevisible pero en realidad está todo medido al milímetro. Y es que en un pequeño espacio donde se puede notar la respiración de los protagonistas y cuya particular decoración es una protagonista más de la obra, el espectador empatiza con ambos humanos.

Pero todo esto no resultaría tal sin un trabajo de equipo que actúa como un ensamblaje perfecto. Actores, texto y director son todo uno. Son un universo propio. Porque es “una comedia psicopática”. Porque es diversión, porque enseña al espectador cultura a través del surrealismo y el humor. Porque son simplemente cuasiperfectos y “pluscuamperfectamente” divertidos. Pura comedia negra.

“UNA EXTRAÑA COMEDIA”
SÁBADO 21h. – 15€

Escritor y director: Darío Paso-Jardiel
Intérpretes: Marta Eguilior y Tato Loché.
La CASA de la PORTERA
Teléfono de reservas 649397571 (de 11h a 14h y de 17h a 20h) o en entradasymas.com

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Anthony Blake “demodé”

El conocido ilusionista Anthony Blake llega a la cartelera teatral madrileña con un musical hecho solo con marketing. Él es la marca. Hecho para él… pero ¿y el público?

Lo que inicialmente se vende como “Jekyll & Hyde el musical” es una patraña. No es un musical. Es un espectáculo (por decir algo) de magia con música y con “rayos láser” pero sin Jedis. Bueno sí. Las Jedis son sus tres azafatas/colaboradoras. Actrices, bailarinas, cantantes. Y lo que ellas quieran. Ellas son el verdadero espectáculo: Anais Sancruz, Nayra Petrini y la brillante Clara Alvarado. Defienden su trabajo, salvan “El musical”.

Un esperpento, éste, cargado de trucos casposos de la tele de los ’90, cuando Blake salía hasta en la sopa.
No existe conexión ninguna entre guión (perdón! ¿He dicho guión?, disculpad, “no hay”!) y números musicales. Blake no tiene complicidad con sus colaboradoras. Va por libre, mientras ellas son una piña. Un equipo.

Un diseño de producción mediocre que no está a la altura del teatro Nuevo Apolo de Madrid. Cutre, facilón, sin sentido en la mayoría de las ocasiones. Una iluminación que ciega al respetable. El sonido con mucho ruido, apenas se aprecia el texto. No así, las canciones. Chorros de voz inundan un teatro que vibra con tres cantantes, tres bailarinas, tres actrices. Tres stars.
Las verdaderas estrellas son sus azafatas. Voces de escándalo, talento desbordante que aportan a los delirios de grandeza del personaje de Blake. No las pierdan de vista. Tienen mucho futuro y darán mucho que hablar. Solo por verlas a ellas merece la pena asistir.

Duele escribir esto cuando el director de dicha “paranoia” es ni más ni menos que Ricard Reguant. Una decepción para quien escribe. ¿Donde quedaron sus obras vistosas y de calidad? No vamos a entrar en polémicas. No es el lugar ni el momento.

Desde estas líneas solo puedo pedir a gritos: Productores teatrales de España!!! Contraten al futuro del teatro! Anais, Nayra y Clara lo merecen!!! Apuesto por teatro clásico como “Las Troyanas” o lo más contemporáneo como “Las Criadas”, pasando por Lorca y su Bernarda Alba. Queda dicho.

FICHA ARTÍSTICA Y TÉCNICA: Blake-411x591
Anthony Blake es JEKYLL y también es HYDE
Cantantes, bailarinas y actrices: Anais Sancruz, Nayra Petrini y Clara Alvarado
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Director: Ricard Reguant
Música: F. Illán y A. Moraga
Coreografía: Nuria García
Letras canciones: Xenia Reguant
Escenografía: A. Hawork
Iluminación: Daniel Bossio
Vestuario: Juan Ortega
Audiovisuales: RAAPTOR

Fotos Equipo artístico (de arriba a abajo): Anthony Blake, Anais Sancruz, Nayra Petrini, Clara Alvarado.

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